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Haití

Haití en crisis: soberanía, seguridad y el futuro del Caribe

Por E. MARGARITA EVE La crisis haitiana plantea una pregunta urgente: ¿puede una nación garantizar el futuro de sus ciudadanos cuando pierde el control de parte de su territorio? La violencia y la debilidad…

Redacción AlMomento··Comentar

Por E. MARGARITA EVE

La crisis haitiana plantea una pregunta urgente: ¿puede una nación garantizar el futuro de sus ciudadanos cuando pierde el control de parte de su territorio? La violencia y la debilidad institucional mantienen a miles de familias bajo amenaza. Para la República Dominicana, que comparte la isla con Haití, esta realidad representa un desafío que exige defender la soberanía y asumir responsabilidades propias.

Las estimaciones sitúan entre 500,000 y un millón los haitianos residentes en la República Dominicana, muchos en situación migratoria irregular. Haití, con cerca de 12 millones de habitantes, enfrenta graves deficiencias en servicios esenciales. En 2024, los hospitales públicos dominicanos registraron 32,967 nacidos vivos de madres haitianas; algunas mujeres cruzan la frontera para dar a luz ante la precariedad del sistema sanitario haitiano.

Las bandas armadas haitianas poseen armas de guerra, controlan comunidades y desafían a las fuerzas de seguridad. No se trata de simple delincuencia callejera, sino de grupos capaces de desafiar al Estado. La historia recuerda a los Tonton Macoutes, estructura paramilitar de la dictadura de François Duvalier. Aunque no son la misma organización, ese pasado evidencia la prolongada relación entre violencia política e inestabilidad.

En 1825, Francia impuso a Haití una indemnización de 150 millones de francos de oro para reconocer su independencia, comprometiendo sus finanzas durante generaciones. Sin embargo, la crisis actual también refleja décadas de corrupción, impunidad y debilitamiento institucional. El asesinato del presidente Jovenel Moïse, en 2021, evidenció nuevamente esa fragilidad.

Las operaciones de la Policía Nacional haitiana, apoyadas por la misión internacional encabezada por Kenia, han contribuido a recuperar algunas comunidades, aunque la inseguridad persiste. La comunidad internacional debe coordinar esfuerzos para combatir las bandas, frenar el tráfico de armas y fortalecer la policía y la justicia haitianas. Sin seguridad efectiva e instituciones capaces de proteger a la población, la recuperación del país seguirá siendo incierta.

La República Dominicana ha demostrado solidaridad, pero esto no significa renunciar a nuestra soberanía ni asumir por sí sola las consecuencias de una crisis regional. Cada nación debe responder por la seguridad dentro de su territorio. Defender la frontera dominicana no es un acto de hostilidad, sino una responsabilidad del Estado.

Vías de solución

La Ley 12-21 ofrece incentivos fiscales para atraer industrias y crear empleos en las provincias fronterizas dominicanas. También podría establecerse un sistema regulado de trabajo transfronterizo, con ingreso autorizado, contratación formal y retorno diario al país de origen al concluir la jornada. Así, trabajadores haitianos podrían laborar legalmente y nosotros frenar el impacto de la migración.

Haití posee recursos naturales y culturales con potencial turístico. Cabo Haitiano y su región podrían promover playas como Labadee, Cormier e Île-à-Rat, además de lugares históricos como la Citadelle Laferrière y el Palacio Sans-Souci. Con seguridad, infraestructura y participación comunitaria, el turismo cultural y natural podría generar empleos dentro de su territorio.

La agricultura y la pesca también ofrecen oportunidades económicas. La langosta y el pepino de mar, muy demandado en los mercados asiáticos y de alto valor comercial, pueden complementar la producción de cacao, café y mango. Para desarrollar estos sectores se necesita seguridad, inversión responsable, mejores vías de transporte y acceso a los mercados.

La reconstrucción social debe priorizar los hospitales materno infantiles, la atención prenatal y posnatal, la educación y la protección de la niñez. La educación sexual y la orientación en planificación familiar pueden contribuir a mejorar la salud materna y las condiciones de vida.

Las iglesias cristianas pueden contribuir, mediante la promoción del cristianismo. Las enseñanzas de Jesucristo, el amor al prójimo, el respeto por la vida y el perdón, pueden fortalecer la convivencia y la reconstrucción moral y social, respetando siempre la libertad religiosa reconocida en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La recuperación de Haití exige seguridad, voluntad política y apoyo internacional para combatir las bandas y reconstruir sus instituciones, mientras la República Dominicana debe fortalecer su frontera y desarrollar sus provincias limítrofes.

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