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Salud

Cuando enfermarse se convierte en una lucha por sobrevivir

Enfermarse nunca ha sido fácil. El dolor, la incertidumbre y el temor a un diagnóstico desfavorable bastan para alterar la vida de una persona y de toda su familia. Pero el sufrimiento adquiere una dimensión aún…

Domingo Peña Nina··Comentar

Enfermarse nunca ha sido fácil. El dolor, la incertidumbre y el temor a un diagnóstico desfavorable bastan para alterar la vida de una persona y de toda su familia. Pero el sufrimiento adquiere una dimensión aún más preocupante cuando, además de luchar contra la enfermedad, el paciente tiene que librar otra batalla: conseguir una cita médica, realizarse un estudio diagnóstico, obtener el medicamento prescrito o encontrar una cama hospitalaria donde recibir atención.

Esta es una realidad que merece la atención de toda la sociedad dominicana. No se trata de desconocer los avances de nuestro sistema sanitario ni de descalificar los esfuerzos de sus autoridades y profesionales. Se trata de reconocer que, cuando está en juego la salud, los logros alcanzados no deben impedirnos identificar las deficiencias pendientes ni posponer las soluciones necesarias.

AVANCES QUE DEBEN CONSOLIDARSE

La República Dominicana ha ampliado sus servicios sanitarios y ha realizado esfuerzos para fortalecer la red pública, mejorar las instalaciones y extender la cobertura de atención. El Servicio Nacional de Salud ha informado de decenas de millones de servicios prestados durante 2026, una actividad que refleja la magnitud del trabajo realizado por sus establecimientos y por el personal que sostiene diariamente la atención.

Sin embargo, el número de consultas, procedimientos y servicios ofrecidos no basta para determinar si el sistema responde satisfactoriamente a las necesidades de la población. También importa cuánto espera un paciente para recibir atención, si encuentra los medicamentos que necesita, si los equipos funcionan y si el servicio está disponible cuando su condición clínica lo exige.

El verdadero progreso sanitario no consiste solamente en aumentar la actividad asistencial, sino en lograr que cada persona reciba atención oportuna, segura, digna y de calidad. Los avances deben reconocerse, pero también deben servir como punto de partida para continuar mejorando.

CINCO PROBLEMAS QUE NO PODEMOS IGNORAR

Primero: las demoras en la atención. Las listas de espera para consultas especializadas, estudios diagnósticos y procedimientos quirúrgicos pueden agravar la incertidumbre y, en determinados casos, comprometer el pronóstico. No toda demora constituye negligencia, pues existen limitaciones reales de capacidad y recursos. Pero es indispensable identificar las esperas clínicamente peligrosas y establecer prioridades según la gravedad de cada caso.

Segundo: el acceso a los medicamentos. Para una persona con cáncer, diabetes, una enfermedad autoinmune u otra afección crónica, la interrupción del tratamiento puede representar un riesgo importante. La prescripción médica pierde eficacia práctica cuando el paciente no puede adquirir el medicamento o no lo encuentra disponible en el programa del que depende.

Tercero: las desigualdades territoriales. Las posibilidades de recibir atención especializada no son necesariamente las mismas en Santo Domingo que en las provincias del interior. La falta de especialistas, equipos, insumos o servicios diagnósticos en determinados lugares obliga a muchas familias a trasladarse, asumir gastos adicionales y enfrentar dificultades que se suman a la enfermedad.

Cuarto: la dignidad y la seguridad del paciente. La atención sanitaria no se limita a administrar medicamentos o realizar procedimientos. Comprende informar, escuchar, respetar la intimidad, explicar las decisiones clínicas y actuar con responsabilidad. El paciente no solicita un favor: ejerce un derecho que debe ser protegido.

Quinto: la prevención insuficiente. La detección temprana y el control adecuado de las enfermedades pueden evitar complicaciones, reducir sufrimientos y disminuir gastos posteriores. Fortalecer la atención primaria, promover hábitos saludables y garantizar programas preventivos efectivos debe ser una prioridad, no una actividad secundaria.

MEDICAMENTOS DE ALTO COSTO: DEL ANUNCIO A LA SOLUCIÓN

Un asunto de particular actualidad es la protección de quienes dependen de medicamentos de alto costo. El 1 de octubre de 2026 se anunció una iniciativa de cobertura del 100 % para 13 medicamentos destinados al tratamiento de 16 enfermedades catastróficas, mediante el Fondo de Medicamentos de Alto Costo (FOMAC).

La iniciativa representa una oportunidad importante para aliviar la carga económica de pacientes y familias. Sin embargo, según la información difundida, contempla una etapa de preparación operativa y capitalización de doce meses. Esta circunstancia obliga a formular una pregunta esencial: ¿qué respuesta recibirán durante ese período quienes necesitan hoy esos medicamentos para continuar sus tratamientos?

No sería justo desconocer el valor de la medida anunciada, pero tampoco sería prudente confundir su aprobación con la disponibilidad inmediata de los fármacos para todos sus beneficiarios. Se necesita información clara sobre su implementación, los criterios de acceso, los recursos disponibles y los mecanismos para atender los casos urgentes mientras se completa el proceso.

Cuando una enfermedad amenaza la vida, la planificación administrativa es necesaria, pero debe acompañarse de soluciones transitorias que protejan a quienes no pueden esperar.

EXIGIR SOLUCIONES REALISTAS Y MEDIBLES

La respuesta no consiste en reclamar que, de un día para otro, todos los hospitales dispongan de cualquier equipo o especialidad. Los recursos son limitados y deben administrarse con responsabilidad.

Precisamente por eso, proponemos medidas concretas: publicar los tiempos de espera y priorizar los casos según su urgencia clínica; garantizar la continuidad de los medicamentos esenciales y de alto costo; identificar los centros con mayores carencias y establecer planes de mejora con presupuesto, plazos y responsables; fortalecer la atención primaria y la prevención; y escuchar al personal sanitario, cuyas condiciones de trabajo repercuten en la calidad del servicio.

Estas acciones deben acompañarse de transparencia, evaluación periódica y rendición de cuentas. La ciudadanía tiene derecho a conocer no solamente cuánto se invierte, sino también qué resultados se obtienen y qué dificultades persisten.

La responsabilidad es compartida, aunque no idéntica. Corresponde al Estado garantizar políticas y servicios efectivos; a las instituciones, administrar correctamente los recursos; a los profesionales, ejercer con competencia y ética; y a la ciudadanía, participar en la prevención y utilizar responsablemente los servicios disponibles.

LA SALUD NO PUEDE ESPERAR

La República Dominicana necesita un sistema sanitario que siga avanzando, pero que también sea capaz de responder con mayor equidad, oportunidad y calidad a las necesidades de su gente. No debemos conformarnos con contabilizar servicios si todavía hay pacientes que encuentran obstáculos para recibir la atención que requieren.

Este no es un llamado a la confrontación, sino a la responsabilidad. Reconocer los logros no significa guardar silencio ante las deficiencias; señalar los problemas tampoco significa negar los esfuerzos realizados. Ambas actitudes son necesarias para construir soluciones duraderas.

La salud debe ocupar un lugar prioritario en las decisiones públicas, en la asignación de recursos y en la conciencia colectiva. Cada espera innecesaria, cada tratamiento interrumpido y cada oportunidad de prevención desaprovechada merecen atención y respuesta.

Porque cuando una persona enferma, no pide un privilegio: necesita atención. Y cuando de esa atención depende su vida, esperar una respuesta no puede convertirse en otra enfermedad.

sp-am

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