Eliminación de semáforos en la Plaza de la Bandera
Las recientes intervenciones viales ejecutadas en puntos neurálgicos de alta densidad, como la emblemática rotonda de la Plaza de la Bandera y la zona de Pintura, han constituido, en una apreciación justa y objetiva, un…
Las recientes intervenciones viales ejecutadas en puntos neurálgicos de alta densidad, como la emblemática rotonda de la Plaza de la Bandera y la zona de Pintura, han constituido, en una apreciación justa y objetiva, un alivio perceptible para la agobiante fluidez del tránsito que estrangula cotidianamente al Distrito Nacional y a la provincia de Santo Domingo Oeste.
Desconocer el impacto benéfico que estas obras públicas imprimen a la movilidad urbana sería incurrir en la mezquindad o en la ceguera analítica; empero, pretender ocultar las profundas deficiencias operativas y de diseño bajo una narrativa edulcorada de perfección ficticia resulta, además de una burla a la ciudadanía, un ejercicio de extrema irresponsabilidad institucional.
El ejemplo más diáfano y preocupante de esta desconexión entre la propaganda oficial y la cruda y porfiada realidad cotidiana se manifiesta en la propia rotonda de la Plaza de la Bandera.
En un empeño burocrático por proyectar ante la opinión pública una circulación artificialmente continua —una entelequia de fluidez idílica confinada al papel y a las gacetillas de prensa—, se ha tomado la desacertada decisión de anular por completo el funcionamiento de los semáforos. Esta supresión antojadiza ha convertido un espacio llamado a ordenar el flujo vehicular en un complejo laberinto de riesgos incalculables.
Una disección minuciosa de la dinámica del lugar expone una falla estructural de control y planificación sumamente evidente. Quienes transitan de sur a norte por la avenida Luperón con el firme propósito de incorporarse a la autopista 6 de Noviembre se ven forzados a una maniobra de alta complejidad: atravesar transversalmente los carriles de la rotonda.

En el sentido opuesto, los conductores que fluyen desde la referida autopista se desplazan inicialmente por el carril de la extrema derecha; sin embargo, aquellos que deben empalmar con la avenida 27 de Febrero bordeando la rotonda se topan e intersecan inevitablemente con el torrente crítico de los vehículos que, avanzando por la propia avenida Luperón, procuran girar hacia el oeste para buscar la autopista 6 de Noviembre.
Al adentrarnos en el crisol de las horas pico, este nudo gordiano degenera en un cuello de botella caótico y exasperante. Mientras los vehículos que circulan de manera continua por la rotonda en dirección a la avenida 27 de Febrero prolongan su marcha sin detenerse —o reduciendo la velocidad de manera imperceptible—, los conductores que ascienden de sur a norte por la avenida Luperón con destino a la autopista 6 de Noviembre se ven en la obligación imperativa de cortar los carriles de circulación.
Riesgos
En esa arriesgada empresa, quedan literalmente a merced del azar y de la pericia individual, completamente desamparados ante la ausencia absoluta de agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) y frente a la estéril e imponente presencia de semáforos apagados que guardan un silencio cómplice.
En contraparte, la contra evaluación de la ruta muestra matices diferenciados: los automovilistas que circulan de norte a sur por la avenida
Luperón al arribar a la rotonda se encuentran con los flujos que provienen de la avenida 27 de Febrero rumbo a la autopista 6 de Noviembre; no obstante, al tratarse de una dinámica donde los giros se limitan orgánicamente a bordear la rotonda sin la necesidad de cruzar de lado a lado los carriles centrales, la aglomeración y el factor de riesgo relativo disminuyen, aunque sin desaparecer del todo.
Pretender erigir la supresión ciega de los dispositivos electrónicos de control de tráfico como un sinónimo de modernidad y eficiencia responde con creces a una medida de corte politiquero e irreal, antes que a una solución de ingeniería vial sostenible. La ciencia del tránsito y la vialidad moderna no persiguen la quimera de eliminar la necesidad de regulación y autoridad en las intersecciones complejas, sino de administrar con rigor científico, equidad y fluidez los tiempos de cruce.
Prescindir del semáforo bajo el argumento simplista de que «el tráfico no debe detenerse» constituye una flagrante violación a la física elemental del cruce de trayectorias. Bastaría con restablecer la operatividad de estos aparatos —inclusive diseñando y programando ciclos de luz breves, inteligentes y dinámicos, meticulosamente adaptados a los momentos de saturación volumétrica— para devolver la certidumbre al ordenamiento urbano y garantizar el derecho elemental a la vida de los transeúntes y conductores.
Mantener el statu quo actual, caracterizado por la ausencia de semáforos funcionales y la carencia de fiscalización activa, equivale a jugar a la ruleta rusa con la seguridad ciudadana. De persistir este panorama de anarquía institucionalizada, las colisiones múltiples y los accidentes de fatales consecuencias no constituirán una eventualidad lejana, sino una consecuencia lógica y anunciada.
Las autoridades competentes aún disponen del margen temporal indispensable para corregir este impasse técnico antes de que una estadística luctuosa e irreparable tenga que recordarnos, con la crudeza del dolor humano, que la verdadera modernidad y la auténtica fluidez vial jamás deben construirse sobre el pavimiento de las vidas humanas.
JPM












Mi comentario va con una pregunta que me hace días quería que alguien me aclare , es cierto que en las rotondas no existen semáforos??
DEBERÍAN NO EXISTIR… LAS ROTONDAS TIENEN COMO FUNCIÓN AGILIZAR EL TRÁNSITO ENCARRILANDO AUTOMÁTICAMENTE, COMO UN VIADUCTO EXPRESS… EN EL PEOR CASO, CON UN PAR DE DIGESETTS, DADO QUE ESTAMOS EN RD…
el gran problema es que la gente quiere andar a velocidad y las rotondas no son para ese tipo de transito
Disculpe pero usted debería saber cómo se mueve el tráfico antes de emitir opiniones y realizar un artículo, el que sabe de tránsito en este país, sabe que a todo el que se le da una licencia es responsable de su manejo en un vehículo y existen leyes, y autoridades, aunque usted no lo crea esa medida es la más, justa para esa ubicación, investigue los años anteriores a esa medida y vera, sino tengo razón,está es la médida mejor tomada en ese lugar, se acabaron los tapones en la 27, en la Luperón, y la entrada a la capital. Caso cerrado. Todo conductor debe ser responsable al manejo y sobre todo las señales de tránsito conocerla….
«Nunca discutas con un idiota, te hará descender a su nivel y allí te vencerá por experiencia». «Es mejor permanecer callado y parecer idiota que hablar y despejar definitivamente las dudas». Mark Twain
asi es fueron anulados
La observación e 1nquietud es valida y razonable me parecen propia de un ciudadano apolitico
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si van otros países transitan por las rotondas sin semáforos y todo transcurre de manera normal
ese comentario no es aceptado por los usuarios
que piensan todo lo contrario
En lugar de semafaros han colocado reductores de velocidad que sirven de control. He cruzado varias veces notando que el transito fluye normalmente. Depende de los conductores ser prudentes para que no ocurren accidentes.
Hay que tener mucho cuidado y buscar una solución que permita que se pueda transitar con seguridad déjense de tremendismo barato al considerar que la l autor de este comentario no tiene razón si la tiene y está llamando con mucho tiempo a que se corrija esa situación que es muy peligrosa ya que he pasado varias veces y he visto con mucha preocupación esa desfachatez e irresponsabilidad de no regulará el paso seguro de los conductores
Cuando usted sepa de tránsito opine
Quisiera respetuosamente preguntarle al autor de este articulo, desde el entendido de que ha viajado a Europa y/o Estados Unidos, de si ha visto en alguna vez un semáforo en una rotonda.