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Opinión

Haití, RD y los extremos

Demasiadas pasiones exacerbadas no pueden traer cosas buenas. Demasiadas justificaciones para agresiones físicas, verbales y sutiles agrandan la sensación de que pronto algo pasará entre República Dominicana y Haití…

Petra Saviñón··Comentar

Demasiadas pasiones exacerbadas no pueden traer cosas buenas. Demasiadas justificaciones para agresiones físicas, verbales y sutiles  agrandan  la sensación de que pronto algo pasará entre República Dominicana y Haití.

Ese silencio estatal, de ambos lados, sobre lo que ocurre entre las dos naciones no ayuda. Alarmar y crear más fricciones no es lo correcto. Tampoco dejar  de lado la situación por temor a sembrar pánico.

Que el Gobierno haya cerrado los consulados en Haití es una señal clara de que las cosa  no están tan tranquilas como parece o como deberían estar siempre.

Tienen ribetes peligrosos las reacciones de los haitianos, que después de la protesta en el consulado en Puerto Príncipe retienen 27 camiones dominicanos cargados de mercancía.

Preocupan  los comentarios de dominicanos en las calles, que sugieren métodos atroces  para poner fin a la vieja y atizada controversia.

Es ahí cuando entra en juego la asunción de responsabilidades de ambos gobiernos para llamar a la calma, a recodar que somos dos naciones con muchas diferencias y tantas y tantas semejanzas.

Dos pueblos caracterizados por la solidaridad, que nunca han dudado en ponerla de manifiesto. Los ejemplos están ahí y sería injusto  olvidar eso para asumir una actitud hostil. Para empuñar las armas a la mano como enemigos acérrimos que deben destruirse.

Nada bueno traen los comentarios, las bromas sobre lo que deben hacer las autoridades para cortar de raíz el problema. Los ánimos están caldeados de ambos lados. En ambos  carriles hay extremistas. 

Incluso, aquí entre los denominados pro haitianos y los bautizados como nacionalistas hay puntos que bordean las orillas de la tolerancia y de la sana convivencia y si ningún extremo es bueno, es hora de revisar actitudes.

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