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Opinión

Sin el capital de la autenticidad se desvanece el proyecto

A Ernesto Sábato se le atribuye la afirmación: «Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás» y a Carl Jung: «Todos nacemos originales y morimos copias». Las citas anteriores…

Edwin Paniagua··Comentar

A Ernesto Sábato se le atribuye la afirmación: «Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás» y a Carl Jung: «Todos nacemos originales y morimos copias». Las citas anteriores apuntan hacia una de las realidades más complejas: la autenticidad. La identidad personal se construye tanto a lo interno como a lo externo del ser humano. Por esta razón, habrá una enorme cantidad de características comunes con otras personas, pero su combinación y la manera de expresarlas, será la diferencia. Jesús, por ejemplo, una vez preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo? (…). Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». No se trata de vivir para los demás, pero hay que tomar en cuenta lo que piensan quienes me conocen a distancia y, por el otro lado, de manera íntima. Es posible que quien no me conozca a fondo, piense que soy agresivo y que, por el contrario, mis amigos me consideren un ángel. Entre estas dos opiniones probablemente esté la realidad. Aquí se hace imprescindible aludir a la transparencia y a la honestidad. Ser original implica identificar las situaciones con las que estoy de acuerdo o que me gustarían y las que no. Siempre recordando que una cosa es ser «claro» y otra, ser «ofensivo». Aquí hay una carencia grave, en nuestra sociedad actual. Ausencia de originalidad en personas e instituciones. Hace rato que Gobiernos y gobernantes, partidos políticos y sus miembros, la Iglesia y muchos cristianos (con o sin jerarquía), las empresas y sus administradores han hecho de la demagogia y la fantasía, el camino perfecto para la alienación. Hace mucho que no experimentamos esa sensación de estar frente a una persona sincera porque la mentira parece formar parte de la verdad. Esta debilidad también se siente de manera especial en la familia y en la escuela. «Ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo», decía un filósofo. Ninguna casa se sostendrá sobre una zapata falsa: ni el amor ni la fe. Ser original, de alguna manera, es regresar al origen. Retomemos el placer de ser. [email protected]

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