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Opinión

RD, un país de 11 millones que pesa como uno de 50

Hay un error en los libros de texto. Nos dicen que República Dominicana es un país de 11 millones de habitantes y 48,670 kilómetros cuadrados. Es mentira. Somos 11 millones aquí, más 2.8 millones en Estados…

Jhonny Trinidad··Comentar

Hay un error en los libros de texto. Nos dicen que República Dominicana es un país de 11 millones de habitantes y 48,670 kilómetros cuadrados. Es mentira.

Somos 11 millones aquí, más 2.8 millones en Estados Unidos, más 250,000 en España, más 100,000 en Italia, más los de Canadá, Suiza, Holanda, Panamá, Chile. Somos al menos 14 millones. Y si contamos a los hijos y nietos que crecieron fuera pero responden “dominicano” cuando les preguntan de dónde son, somos más de 16 millones.

Pero incluso 16 millones no explican lo que pesamos.

República Dominicana es un país de 11 millones de habitantes que pesa, en cultura, en deporte, en música, en influencia y en presencia global, como uno de 50 millones. Y ese peso extra no lo da el territorio. Lo da la diáspora.

EL MILAGRO DE LA DENSIDAD CULTURAL

Hay países con 50 millones de habitantes que nadie puede nombrar a un artista, a un deportista o a un plato. Nosotros, con 11, tenemos un problema opuesto: el mundo nos conoce demasiado.

Pregunta en cualquier barrio del mundo por tres cosas dominicanas y te responderán sin pensar:

Béisbol. Merengue y bachata. Y un dominicano que conocen.

Esa es una densidad cultural que no corresponde a nuestro tamaño. Brasil, con 215 millones, es el país del fútbol. Nosotros, con 11, somos el país del béisbol. Tenemos más peloteros en Cooperstown que la mayoría de países que tienen 10 veces nuestra población. Tenemos más hits, más anillos de Serie Mundial y más historias de superación que salen de un batey o de San Pedro de Macorís que cualquier potencia deportiva.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

En música, lo mismo. La bachata nació perseguida, prohibida en los clubes de la capital, tildada de música de cabaret. Hoy es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y suena en bodas en Japón. El merengue es Patrimonio también. El dembow es el sonido que hoy exporta Santo Domingo a Madrid, a París y a Nueva York sin pedir permiso.

Ningún país de 11 millones debería tener ese nivel de omnipresencia sonora. Lo tenemos porque la diáspora fue la discoteca. Fue la que puso la bachata en la radio de Queens cuando en su país la censuraban. Fue la que convirtió el colmado en club en Europa.

ESTAMOS EN TODAS PARTES

Un país de 50 millones pesa porque tiene un ejército grande, un mercado interno enorme o armas nucleares. Nosotros pesamos por una razón más moderna y más poderosa: estamos en todas partes.

No hay ciudad global importante sin dominicanos. Nueva York no se entiende sin Washington Heights. Madrid no se entiende sin Cuatro Caminos y Tetuán. Providence, Lawrence, Boston, Miami, Orlando, Milán, Zúrich: en todas hay una parada de concho simbólica, un salón, una iglesia donde la misa se dice con acento cibaeño.

Esa ubicuidad nos da algo que ningún plan de desarrollo puede comprar: relevancia.

Cuando Estados Unidos discute reforma migratoria, tiene que hablar de dominicanos. Cuando España discute integración, tiene que hablar de dominicanos. Cuando el béisbol discute su futuro, tiene que hablar de dominicanos. Cuando la industria musical latina proyecta su crecimiento, tiene que hablar de dominicanos.

Ser relevante es pesar más que tu territorio. Y nosotros somos absurdamente relevantes.

MULTIPLICADOR DE LA DIÁSPORA

¿Cómo un país tan pequeño pesa tanto? Por el efecto multiplicador.

Cada dominicano que se va no resta uno en República Dominicana. Suma uno a donde llega y multiplica por diez su media isla.

Un dominicano que se va a Nueva York y abre una bodega no solo mantiene a su familia en Santiago. Crea empleo en Nueva York, paga impuestos en Nueva York, y crea un punto de entrada para el plátano, el salami y la Presidente que se exportan desde República Dominicana. Abre una ruta comercial.

Un dominicano que se hace médico en El Bronx no solo deja de ser un médico menos en República Dominicana. Se convierte en el médico que puede conseguir una donación de equipos para un hospital en San Francisco de Macorís. En el que puede entrenar a residentes dominicanos.

Un dominicano que es elegido concejal en Lawrence no es un voto menos para un alcalde en República Dominicana. Es un alcalde más que entiende lo que necesita el barrio dominicano y que mañana puede hermanar su ciudad con Santiago y llevar inversión.

Por eso la aritmética de “se fueron tres millones” es estúpida. No se fueron. Se desplegaron. Y al desplegarse, hicieron que un país de 11 millones tenga la red de contactos, la influencia cultural y la presencia económica de un país de 50.

MIEDO A NUESTRO PROPIO TAMAÑO

Si pesamos como uno de 50, ¿por qué seguimos actuando como uno de 5?

Porque el Estado dominicano sigue pensando en kilómetros cuadrados, no en red. Sigue contando habitantes dentro de la isla, no dominicanos en el mundo.

Seguimos con la mentalidad insular del que cree que la frontera es el mar. Cuando la verdadera frontera dominicana hoy es el idioma, la cultura y el orgullo. Donde hay un dominicano diciendo “yo soy de allá”, ahí empieza República Dominicana.

Mientras otros países de nuestro tamaño luchan por hacerse visibles, nosotros luchamos por no ver lo visibles que ya somos. Nos da miedo nuestro propio peso. Nos da miedo reconocer que no somos pequeños. Nos da miedo crear un Ministerio de los Dominicanos en el Exterior, garantizar el voto exterior sin trabas, abrir consulados que sean centros de innovación y no oficinas de sellos, y decir abiertamente: somos una nación transnacional.

Un país de 11 millones que pesa como uno de 50 no puede gobernarse como uno de 11. Necesita instituciones de 50. Necesita visión de 50. Necesita dejar de pedirle a su gente fuera que mande 200 dólares y empezar a pedirle que nos ayude a pensar como potencia.

Porque lo somos. Aunque no nos lo creamos.

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