¿Qué pasará con RD si Haití continúa deterioro?
Por ANGEL PUELLO Hay una pregunta que República Dominicana no puede seguir aplazando: ¿qué ocurrirá con nuestro país dentro de cinco, diez o quince años si Haití continúa deteriorándose y la presión migratoria sigue…
Por ANGEL PUELLO
Hay una pregunta que República Dominicana no puede seguir aplazando: ¿qué ocurrirá con nuestro país dentro de cinco, diez o quince años si Haití continúa deteriorándose y la presión migratoria sigue aumentando?
No se trata de sembrar odio ni de desconocer el drama humano del pueblo haitiano. Haití vive una tragedia profunda. Naciones Unidas estima que 6.4 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria durante 2026 y cerca de 1.5 millones han sido desplazadas internamente por la violencia.
Pero República Dominicana no puede actuar como si ese colapso no tuviera consecuencias de este lado de la frontera.
Como presidente de la Fundación Todo es Posible me ha correspondido visitar barrios, campos y comunidades de diferentes provincias. Allí he escuchado una preocupación que se repite: sectores donde aumenta aceleradamente la población inmigrante mientras familias dominicanas sienten que el entorno donde crecieron está cambiando profundamente. Esa percepción social merece ser estudiada seriamente, no despreciada ni explotada irresponsablemente.
Hay lugares donde la concentración migratoria ya ha provocado atención nacional. En Friusa, Mata Mosquito y El Hoyo de Friusa, en Bávaro, las propias autoridades han desarrollado operaciones especiales y establecido controles ante la alta presencia de inmigrantes en condición irregular. Medios nacionales también han mencionado sectores como Villa Playwood, Haití Chiquito y Kosovo dentro de esa realidad migratoria en la zona turística.
Y no estamos hablando solamente del Este.
Durante operativos recientes, Migración ha intervenido sectores como Cristo Rey, Los Minas, Manoguayabo, Bayona y Los Guaricanos, en el Gran Santo Domingo; diferentes comunidades de Santiago; Villa Verde, Villa Hermosa, Savica y otros sectores de La Romana; además de zonas de Barahona, Puerto Plata, Dajabón, Higüey, Verón y Nisibón.
Las cifras obligan a pensar
Solo en agosto de 2026, la Dirección General de Migración informó la deportación de 34,195 extranjeros indocumentados según ellos . Entre enero y agosto, la cifra ascendía a 265,412. Santo Domingo encabezó ese mes las provincias con mayor número de detenidos por las autoridades migratorias.
¿Qué podría ocurrir si no existe control?
Mayor presión sobre hospitales, escuelas, viviendas populares y servicios públicos. Crecimiento de asentamientos sin planificación. Mayor informalidad laboral.
Competencia desordenada por empleos de bajos ingresos. Tráfico de personas. Explotación laboral. Problemas de documentación. Mayor costo estatal para vigilancia fronteriza, interdicción y deportaciones.
Y, sobre todo, puede surgir algo peligrosísimo: enfrentamiento social entre comunidades.
Eso debemos impedirlo.
La República Dominicana necesita una política migratoria firme, permanente y organizada; no operativos únicamente cuando el problema ocupa titulares.
Hay que completar la protección tecnológica de la frontera, aumentar controles biométricos, perseguir severamente a quienes trafican personas, sancionar a empleadores que utilizan mano de obra irregular para abaratar costos y establecer sistemas confiables para saber quién entra, quién permanece y bajo qué condición.
Pero existe otra solución imprescindible: el mundo tiene que intervenir con mucha mayor responsabilidad en Haití.
Estados Unidos, Canadá, Francia, Naciones Unidas, la OEA y las grandes potencias no pueden pretender que República Dominicana absorba indefinidamente las consecuencias humanas de un Estado vecino en crisis.
Ayudar a Haití significa crear condiciones para que los haitianos puedan vivir con seguridad, trabajar, estudiar, producir y formar sus familias en Haití.
República Dominicana debe ser solidaria. Pero también debe defender su capacidad de decidir su futuro. Porque una frontera sin control no es solidaridad. Es ausencia de política.











