Miriam y los poderes del Estado
La Constitución de la República Dominicana tiene que ser el documento que ordena jurídicamente la sociedad más violada de todos los países del mundo, incluyendo aquellos donde existen regímenes totalitarios. El…
La Constitución de la República Dominicana tiene que ser el documento que ordena jurídicamente la sociedad más violada de todos los países del mundo, incluyendo aquellos donde existen regímenes totalitarios.
El presidente, que jura ante Dios y
el pueblo, cumplirla y hacerla cumplir,
la ignora, viola o pisotea todos los
días, sin pagar ninguna consecuencia.
El gobierno es “esencialmente civil, republicano,
democrático y representativo. Se divide en Poder Ejecutivo, Legislativo y
Judicial. Estos tres poderes son independientes en el ejercicio de sus
respectivas funciones. Sus encargados son responsables y no pueden delegar sus atribuciones, las
cuales son únicamente las determinadas por esta Constitución”.
Todo es mentira. La Constitución es
un simple papel, un enunciado, una plataforma jurídica inservible que se le
aplica exclusivamente a los que están desprovistos de poder económico y
político. En la práctica tenemos un
poder, omnipresente, autocrático, autoritario, abusador y criminar, para el que
no existe Constitución, leyes o reglamentos éticos y morales que lo obligue a
comportarse decentemente, legalmente.
El Poder Legislativo, que
teóricamente es el Primer Poder del Estado, se muestra subordinado al Ejecutivo
en todo momento, sumiso, impotente, incapaz de contradecirlo, de negarse a sus
pretensiones políticas contraproducente, atentatorias incluso contra la nación
misma, como hipotecar al país irresponsablemente, por ejemplo.
Es el Ejecutivo quién decide el
presupuesto que le será asignado a los demás poderes, lo cual genera una
dependencia. La Constitución no existe para el presidente de la República. ¡Y
no pasa nada! Por eso no hay instituciones respetables, por eso el Estado es
débil y vulnerable; fallido y jodido.
Danilo Medina controla el Congreso y
la Justicia. Preside el Consejo Nacional de la Magistratura, lo cual es una
contradicción porque asume la jefatura de ese poder que la Constitución dice es
independiente de los demás poderes. Pero no conforme con presidir ese Consejo
se agencia la mayoría para impedir que se apruebe algo con lo que no esté de
acuerdo o no le convenga. El Procurador General, que él nombra, es su escudero
junto con el Consultor Jurídico.
De ese modo los jueces tienen que
pertenecer a un corte imperial, no pueden ser autónomos, libres, imparciales,
sujetos al mandato de la ley, tienen que estar amordazados, hablar sólo por
sentencia cuando la sentencia favorezca los
intereses del presidente y el grupo que lo acompaña.
Lo que ha pasado con la magistrada
Mirian Germán, galardonada y elogiada por el gobierno el 8 de marzo del año
pasado, “Día Internacional de la Mujer” por sus méritos jurídicos, éticos y
morales, ahora es presentada ante la nación como una delincuente,
prevaricadora, corrupta, “amiga de un ladrón”, (todo imputado es inocente hasta
tanto se demuestre lo contrario) dueña de una fortuna incalculable, de villas y
castillas, que, cuando los medios de comunicación la investigaron se percataron
de que todo ha sido mentira o verdades a medias para desacreditarla, para
decirle al país que todos somos corruptos, que el que no cojea de un lado lo
hace del otro. Como dijera la magistrada: el problema es que ellos tratan a los
demás, no como son, sino como ellos quieren que seamos, o sea, igual que ellos,
simuladores, falsos, corruptos, criminales, macarras de la moral.
Así como el presidente Medina se
agencio “su” Congreso, del mismo modo precisa tener el control de “las altas”
Cortes. Y ocurre que Mirian German, que no es mejor ni peor que muchos otros
jueces de carrera, es demasiado “independiente”, infranqueable, que no acepta
directrices, que no se le puede “bajar línea”. Jueces con ese perfil no pueden
estar dirigiendo. Buscan pusilánimes, mequetrefes, arlequines, payasos como lo
han hechos en muchas otras instituciones del Estado; todo para que “dejen hacer
y dejen pasar”, para que miren hacia otro lado, para que se hagan de la “vista
gorda” cuando se trate de robo de las elecciones, de corrupción y otros crimines.
Quieren asegurar impunidad total, como hasta ahora.
No es que Mirian Germán sea buena o sea mala, que sea bonita o fea, grande o chiquita, sería o corrupta, es que no conviene a los intereses de los políticos depredadores que pretenden perpetuarse en el gobierno descuartizando el país como vienen haciéndolo desde hace 20 años, sin que nadie sea sometido a la justicia y encarcelado.
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