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Opinión

¡Mi madre era comunista!

A la edad de diez o doce años no entendía el razonamiento, ni mucho menos la motivación. ¿Por qué, después de cosechar, lavar y seleccionar los mejores ejemplares, tenía yo que salir, con una canasta…

Felipe Lora··Comentar

A la edad de diez o doce años no entendía el razonamiento, ni mucho menos la motivación. ¿Por qué, después de cosechar, lavar y seleccionar los mejores ejemplares, tenía yo que salir, con una canasta al hombro, a repartirlos por todo el vecindario? Esa conducta, además de inconcebible me era decepcionante, ya que conocía lo exhaustivo y laborioso que era la preparación, siembra y cuidado de las cíclicas hortalizas que se convirtieron en tradición en la calle Emilio Prud’homme #24 de Bella Vista en Santiago. Al pasar los años la decepción se convirtió en sospecha, pues, además de las canasta repleta de verdura frescas, se agregaban los platos encubiertos en delicados paños que no lograban ocultar el delicioso aroma que horas antes había logrado propagarse por todos los rincones de nuestro hogar. Mis sospechas fueron confirmadas cuando comencé a notar las oportunas visitas del medio día, los dulces y las mermeladas, las frutas, los jugos y hasta las “requeté” usadas y hasta zurcidas remuas. ¡Mi mamá era comunista! Una comunista que, aun sin oír de Carlos Marx ni de Federico Engels, vivía guiada por conceptos y principios que deben ser fundamentales para alcanzar, y mantener con éxitos, la sociedad comunista que rescatará la humanidad de la autodestrucción, a la que está condenada, de perpetuarse el desgarrador y empobrecedor sistema capitalista. Sí, Ana María Lora Longo era comunista. No por asociación ni por fanatismo, no por partido ni por idealismo abanderado. Mi vieja era comunista por sus acciones, por su conducta y por su amor al prójimo. Ella vivió y murió haciendo todo lo que estuvo a su alcance para que los que la rodeaban tuvieran un momento de suspiro, de alivio y de alegría con el cual pudieran enfrentar el futuro. Mi madre era comunista, pero no era la única. Hoy, entendiendo las razones y los motivos de aquellas “extrañas” conductas, y en nombre de todos los que fuimos influenciados por las mismas, le doy gracias a todas esas madres que nos mostraron con ejemplos la forma de convivir, como familia, en una comunidad. [email protected]

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