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Opinión

Medios impresos y medios digitales: ¿quién salvó a quién?

Es algo inexplicable: son periodistas, sobre todo, algunos de los medios impresos, quienes se ufanan –a diario- en hacer la tipificación-degradación, pues para no poco de esos “conspicuos” hacedores de opinión pública…

Francisco S. Cruz··Comentar
 
Es algo inexplicable: son periodistas, sobre todo, algunos de los medios impresos, quienes se ufanan –a diario- en hacer la tipificación-degradación, pues para no poco de esos “conspicuos” hacedores de opinión pública, “los medios digitales son desaguaderos de inmundicias…”, “cloacas”, “paredón de reputaciones” y cuanto más calificativos peyorativos para descalificar, nada más y nada menos que a la modalidad periodistica –y su soporte científico-tecnológico- que, en cierta forma, ha salvado y redimensionado una profesión –la de periodista- que ya no se realiza a pulso de libreta, lápiz y olfato. Aunque quede mucho de eso último –de olfato- cuando se investiga.
 
Sin embargo, existe la tendencia o creencia recurrente de ver en  medios digitales y redes sociales el refugio o nicho de la “pos-verdad” o “posmentira”, obviando que, precisamente, la herramienta tecnológica Internet no vino más que hacerse extensiva a los medios masivos de comunicación luego de haber agotado su uso –ya inocultable- en la guerra e industria armamentista y, probamente, en la diplomacia; y hasta hace poco –desde finales del siglo pasado-, por ley de la economía y del mercado –amén de soporte o auxiliar ideológico del capitalismo, si se quiere-, y ahora, como oferta mercadológica-educativa. Lógicamente, como toda moneda, tiene anverso y reverso, es decir, la otra cara: noticias falsas –que antes eran las famosas bolas noticiaciosas de los medios impresos o del periodismo amarillo-, pornografía y rutas inhóspitas donde se hospeda y cabe toda bajeza o perversidad humana.
 
Pero lo cierto es que la Internet, y en su plataforma, las redes sociales y los medios digitales han devenido en dos vías u autopistas: una para empoderar a la ciudadanía haciendo de cada ciudadano una especie de reportero-testigo o cronista –que Juan Luis Cebrián lo había anunciado, con certera premonición, en Cartas a un joven periodista, 1977- de lo que pasa en cualquier lugar; y la otra para despojar -del control-monopolio de la información- a los viejos actores: empresarios dueños de medios, agencias internacionales de noticias, periodistas y agentes  gubernamentales que por siglos manipularon y controlaron lo que la gente leía, escucha y veía. Hoy ese edificio-monopolio –de la manipulación y del control de la opinión pública- se ha derrumbado y ya no habrá forma de unificar, promover o vender una  sola “verdad” o discurso oficial, privado u individual (sobre todo, de los famosos “consultores periodísticos” o de los “hacedores de opinión pública”, ambos, viejos zorros del periodismo impreso).   
 
De esa victoria o derrota global, dependiendo desde el ámbito que se mire y se asuma, los actores sociales menos enterados han sido los políticos, pues no se dan cuenta que los ciudadanos –y hasta los mismos miembros de sus partidos políticos- de a pie ya no son las mansas o domesticadas ovejas de otros tiempos que no disponían de medios para escrutar en sus acciones públicas –y no tan publicas- como por ejemplo: el manejo de los presupuestos públicos bajo sus responsabilidades, sus votos, a favor o en contra, de tal o cual iniciativa, o de lo más visible que antes no lo era: su ascenso –si se da- social-económico en una suerte de acumulación de riqueza “espontanea” que lo denuncia-desnuda. En otras palabras, un político, hoy día, podrá hacerse rico de la noche a la mañana, pero ya no quedaría fuera del foco público ni exento de descrédito.
 
No obstante, volvamos al principio: ¿quién salvó a quien? En mi opinión, es la modalidad periodismo-digital que ha salvado al periodismo impreso, o si no, es que este último simplemente ha mutado, pues no hay, de ellos –de los medios impresos- un solo que no tenga una versión digital. ¿Y entonces…?
 
Finalmente, el acucioso periodista Tony Pérez –en un interesante artículo: Un vacío en la radio/periódico 7dias– ha puesto sobre el tapete un desafío informativo impostergable: “Alguien ha de “cazarse” con la gloria creando un sistema informativo con agenda propia donde los públicos sean sujetos, no objetos; la información sea veraz y las opiniones no sean modelos de chantaje, extorsión, ni megáfonos para dañar reputaciones”.
 
Sin embargo, lo más lamentable de la creación de dicha empresa periodistica-editorial –con tal presupuesto ético-deontológico-, es que, muy probablemente, la misma no vendrá, casi seguramente, del espíritu emprendedor de ningún periodista u empresario, sino, me temo, de algún ciudadano corajudo -¿o suicida?- imbuido por el espíritu-cisma de Julian Assange.
 
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