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Las remesas son la vergüenza del Gobierno

Hay dos presupuestos en República Dominicana. Uno lo aprueba el Congreso. El otro lo aprueba la nostalgia. El primero se llama Supérate. El segundo se llama diáspora. Uno lo administra el Estado. El otro lo administra…

Jhonny Trinidad··Comentar

Hay dos presupuestos en República Dominicana. Uno lo aprueba el Congreso. El otro lo aprueba la nostalgia.

El primero se llama Supérate. El segundo se llama diáspora.

Uno lo administra el Estado. El otro lo administra una madre en El Bronx que se levanta a las 4 de la mañana.

Y cuando los pones lado a lado, entiendes el tamaño real del país y el tamaño real del abandono.

LAS CIFRAS QUE NO MIENTEN

En 2025, República Dominicana recibió 11,866 millones de dólares en remesas. Eso es el 25.1% de todos los dólares que entran al país y el 9.3% del Producto Interno Bruto. En los primeros siete meses de 2026, ya van 7,316.4 millones. Más que el turismo. Más que zonas francas. Más que inversión extranjera directa.

Es el principal sostén de la economía dominicana. No es una ayuda. Es la columna vertebral.

Del otro lado, el Presupuesto General del Estado 2025 establece para Supérate, el principal programa de protección social del Gobierno, un presupuesto aprobado de RD$35,766,442,468.00. Unos 590 millones de dólares a tasa actual.

En su rendición de cuentas, el presidente informó que la ejecución real superó los RD$40 mil millones:

– Aliméntate: RD$28,945.9 millones para 1,490,649 familias a RD$1,650 mensuales.
– BonoGas: RD$7,242.2 millones.
– Bono Luz: RD$4,633.6 millones.

Hagamos la comparación sin maquillaje:

Supérate le da a una familia pobre RD$1,650 al mes para comer. La diáspora le manda, en promedio, entre US$200 y US$300 al mes a esa misma familia. Es decir, entre 8 y 10 veces más.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

El Estado invierte 590 millones de dólares al año para decir que protege a 1.5 millones de familias. La diáspora invierte 11,866 millones de dólares al año, 20 veces más, sin ministerio, sin viceministro, sin logo, sin rueda de prensa.

Un presupuesto cabe en una ley. El otro no cabe en la isla.

EL DINERO QUE CUESTA SUDOR Y EL QUE CUESTA UN DECRETO

Las remesas no son un logro del Gobierno. Son el logro de la diáspora. Son el resultado de un esfuerzo humano, individual y colectivo, que ningún gabinete puede atribuirse.

Ese dinero no lo produce el Estado. Lo produce una mujer que limpia oficinas en El Bronx y madruga a las 4:00 de la mañana para enviar 200 dólares a su madre en Los Mina. Lo produce un obrero de la construcción en Madrid que trabaja diez horas bajo 40 grados para mandar 150 euros a sus hijos en Azua. Lo produce un taxista en Lawrence que no ha tomado vacaciones en cinco años.

Supérate es un decreto. La remesa es una madrugada.

Supérate es una tarjeta que a veces no pasa, que a veces se clona, que a veces llega tarde. La remesa es una transferencia que llega aunque haya nieve, aunque haya huelga, aunque haya dolor de espalda.

Y por eso duele cuando el Gobierno presenta las remesas como un indicador de su buena gestión macroeconómica. No. Las remesas son el indicador más brutal del fracaso del Estado dominicano para retener a su gente.

Cada dólar que entra por Caribe Express es una confesión: alguien tuvo que irse para que su familia pudiera quedarse.

EL CLIENTELISMO DE RD$1,650 VS. LA DIGNIDAD DE US$200

Hay una diferencia filosófica profunda entre ambos modelos.

Supérate entrega RD$1,650. No saca a nadie de la pobreza. No cambia la vida de nadie. Mantiene a la gente justo por encima de la desesperación, pero justo por debajo de la autonomía. Es un subsidio diseñado para administrar la pobreza, no para eliminarla. Es un voto mensual.

La remesa entrega US$200. Con eso se paga la luz que el Bono Luz no cubre, se compra la comida que el Aliméntate no alcanza, se paga el colegio, se arregla el techo, se compra la medicina. La remesa no administra la pobreza. La enfrenta.

Supérate te hace cliente del Estado. La remesa te hace responsable de tu familia.

Supérate necesita que seas pobre para existir. La diáspora trabaja para que dejes de serlo.

Por eso el Estado celebra Supérate con actos. La diáspora manda remesas en silencio.

LA INSTITUCIONALIDAD QUE NOS COBRA UN MILLÓN Y LA DIÁSPORA QUE NOS REGALA ONCE MIL MILLONES

Esta semana vimos la noticia que debería darnos vergüenza nacional: los bienes de la Junta Central Electoral embargados en Nueva York por una deuda de casi un millón de dólares con una empresa de eventos. Casi un millón de dólares del dinero público, con intereses y recargos, porque alguien no supo firmar un contrato.

Ese millón de dólares que el Estado pierde por mala administración, la diáspora lo produce en menos de una hora.

Mientras discutimos si Supérate tuvo una reducción presupuestaria para transferir fondos a otras instituciones, la diáspora transfirió, sin pedir nada a cambio, el equivalente a todo el presupuesto de protección social multiplicado por veinte.

¿Quién es más eficiente? ¿Quién rinde más cuentas?

El dominicano en el exterior paga impuestos donde reside y sostiene familias en República Dominicana. Paga renta en dólares y paga la deuda moral de un país que lo expulsó. No pide exoneraciones. No pide pensiones de lujo. Solo pide que no lo atracen en el aeropuerto cuando visita su país en diciembre.

LA CONCLUSIÓN QUE NADIE QUIERE DECIR

Si mañana la diáspora dejara de mandar remesas por un mes, República Dominicana colapsa. El dólar se dispara, los colmados se vacían, la pobreza se duplica. Si mañana Supérate dejara de pagar por un mes, hay una crisis política, pero no un colapso económico.

Eso te dice quién sostiene a quién.

República Dominicana no es un país pobre con una diáspora rica. Es un país rico en gente trabajadora cuya riqueza se produce fuera porque adentro no hay condiciones para producirla.

Un país pequeño puede ser inmenso cuando su gente se va y sigue mandando dinero. Pero también puede ser muy pequeño cuando su Estado cree que con RD$1,650 al mes está cumpliendo.

La diáspora convirtió el acento en marca. Convirtió la nostalgia en PIB. Convirtió la ausencia en presupuesto.

El Estado, mientras tanto, convirtió el presupuesto en acento: mucho ruido, poca marca.

Y esa es la comparación que duele.

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