La prsonalidad tipo “A” y “B” en el desempeño político
POR ROBERTO RIMOLI Las personalidades tipo “A” y “B”, conceptos desarrollados por los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman (1959), describen patrones de comportamiento que influyen en cómo las personas enfrentan el…
POR ROBERTO RIMOLI
Las personalidades tipo “A” y “B”, conceptos desarrollados por los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman (1959), describen patrones de comportamiento que influyen en cómo las personas enfrentan el estrés, la competencia y las relaciones interpersonales.
Los políticos tipo “A” se caracterizan por su competitividad, ambición y urgencia por alcanzar resultados, lo que cae de peso en buena medida dentro de lo narcisista. En el desempeño político, destacan por su capacidad para liderar campañas intensas, tomar decisiones rápidas y enfrentar adversarios con determinación.
Por el contrario, los políticos tipo B, son más relajados, reflexivos y empáticos, lo que influye en un desempeño político centrado en la estabilidad y la colaboración. Estos líderes destacan en la construcción de coaliciones y en la gestión de relaciones a largo plazo, habilidades esenciales en parlamentos o negociaciones internacionales.
En el desempeño durante campañas electorales, los políticos Tipo “A” suelen tener una ventaja inicial debido a su capacidad para movilizar recursos, organizar eventos masivos y responder rápidamente a los ataques de sus oponentes.
En cambio, los políticos Tipo “B”, aunque menos agresivos, pueden construir una base de apoyo sólida a través de mensajes que apelan la empatía y la inclusión, aunque su desempeño puede verse limitado si no logran transmitir suficiente urgencia o carisma.
En la gestión de crisis, el desempeño político de los Tipo “A” se caracteriza por su rapidez y determinación. Por ejemplo, ante una emergencia económica, un líder tipo A podría impulsar medidas inmediatas, como recortes presupuestarios o estímulos fiscales, proyectando control y liderazgo.
Sin embargo, su tendencia al perfeccionismo puede generar fricciones con equipos de trabajo, afectando la coordinación. Por su parte, los políticos tipo B, al priorizar la calma, pueden gestionar crisis de manera más pausada, buscando soluciones inclusivas que eviten conflictos a largo plazo. Aunque esto fortalece la cohesión, su desempeño puede ser criticado si no actúan con la celeridad que el público espera en momentos críticos.
La interacción con el electorado también refleja las diferencias en el desempeño político. Los Tipo “A” suelen proyectar una imagen de autoridad y confianza, lo que les permite conectar con audiencias que valoran la firmeza. Sin embargo, su intensidad puede alejar a votantes que buscan cercanía emocional.
Las personalidades Tipo “A” y Tipo “B” moldean el desempeño político de manera significativa, determinando cómo los lideres enfrentan los desafios y se conectan con el publico. Los políticos del Tipo A destacan en entornos competitivos y de alta presión, pero su intensidad puede generar conflictos o decisiones apresuradas.
No he mencionado nombres, pero todos se dan cuenta a quienes me refiero.
Final: El mejor desempeño político a menudo radica en la capacidad de adaptar rasgos de ambos tipos, equilibrando la ambición y la empatía para responder a las demandas dinámicas de la política moderna.
rimoli1313@hotmail.com











