La ONU no ha podido contener a las pandillas en Haití, ¿podrá hacerlo Nayib Bukele?
La crisis haitiana constituye uno de los mayores desafíos políticos y humanitarios del Caribe. A pesar de los años de intervención internacional y de los recursos destinados a restablecer la seguridad, las pandillas…
La crisis haitiana constituye uno de los mayores desafíos políticos y humanitarios del Caribe. A pesar de los años de intervención internacional y de los recursos destinados a restablecer la seguridad, las pandillas continúan expandiendo su dominio, debilitando las instituciones y sometiendo a la población al terror.
Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021, Haití ha profundizado su descomposición política e institucional. La debilidad del Estado, la ausencia de elecciones democráticas y la incapacidad de las fuerzas de seguridad para recuperar el control territorial mantienen al país sumido en la incertidumbre.
La misión multinacional encabezada por Kenia no consiguió revertir esta situación. Aunque en 2025 la Organizacion de las Naciones Unidas (ONU) autorizó una nueva Fuerza de Supresión de Pandillas, el desafío sigue siendo enorme. ¿Por qué tantos esfuerzos internacionales han resultado insuficientes? ¿Faltan recursos y coordinación o también voluntad política para enfrentar las estructuras que sostienen la violencia?
La reciente desaparición de cuatro técnicos militares salvadoreños en Haití y la respuesta anunciada por el presidente del Salvador, Nayib Bukele abren un nuevo capítulo en esta crisis. El mandatario salvadoreño, reconocido por su política de seguridad contra las pandillas en su país, podría contribuir a cambiar el rumbo de la lucha contra estas organizaciones criminales.
Sin embargo, la experiencia salvadoreña no puede trasladarse automáticamente a Haití. La crisis haitiana exige no solo operaciones militares, sino también reconstruir las instituciones, fortalecer la Policía Nacional y desmantelar las redes de financiamiento, el tráfico ilegal de armas y las complicidades políticas y económicas que permiten la supervivencia de las pandillas.
¿Dónde están las responsabilidades?
Es necesario examinar la actuación de las autoridades haitianas y de los países que han prometido contribuir a la estabilización. Estados Unidos y los demás actores internacionales deben demostrar que existe una estrategia coherente, sostenida y capaz de producir resultados. Asimismo, corresponde investigar quiénes financian a las pandillas, les suministran armas y se benefician del caos. Sin transparencia ni rendición de cuentas, cualquier intervención corre el riesgo de convertirse en otro esfuerzo transitorio.
Para la República Dominicana, esta crisis tiene consecuencias directas sobre la seguridad fronteriza, la inmigración y la estabilidad económica y social de la isla. El Gobierno dominicano ha reclamado mayor cooperación internacional, pero también debe fortalecer la aplicación de sus leyes migratorias y fiscalizar a los empleadores que contratan trabajadores extranjeros sin la debida documentación. La defensa de la soberanía requiere controles efectivos y responsabilidades compartidas.
La participación salvadoreña representa una oportunidad que debe evaluarse con prudencia. El éxito no puede medirse únicamente por los detenidos o los territorios recuperados, sino por la reducción sostenida de la violencia, la protección de la población civil y la capacidad del Estado haitiano para ejercer su autoridad sin depender indefinidamente de fuerzas extranjeras.
Haití no necesita solamente derrotar a las pandillas; necesita recuperar el Estado. Si la nueva estrategia internacional fracasa, habrá que examinar seriamente las deficiencias de la intervención y las responsabilidades de quienes obstaculizan la recuperación del país. Si logra avances sostenibles, podrá abrirse el camino hacia la reconstrucción institucional y la celebración de elecciones legítimas.
¿Podrá Nayib Bukele contribuir a conseguir lo que otros esfuerzos internacionales no han logrado?
La respuesta dependerá de la coordinación internacional, la voluntad política de las autoridades haitianas y la decisión de enfrentar, sin privilegios ni excepciones, las redes que alimentan la violencia.
La Republica Dominicana no puede quedarse con los brazos cruzados, debe contribuir a controlar la frontera para impedir que las pandillas se refugien en el terrotorio nacional y tambien impedir que se abastezcan de armas y municiones. El gobierno debe vigilar que no hayan componendas y negocios ilegales.
Las autoridades haitianas, la ONU y ls RD tienen que aprovechar la iniciativa de Nayib Bukele para cerrar el circulo a las pandillas en Haiti.
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