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Opinión

La geopolítica no es un juego azar en un casino

Un casino es un espacio donde los jugadores arriesgan bienes o dinero en un resultado incierto. La política internacional, sin embargo, no puede reducirse a esa lógica de azar. En el juego, como en la política…

Luis María Ruiz Pou··Comentar

Un casino es un espacio donde los jugadores arriesgan bienes o dinero en un resultado incierto. La política internacional, sin embargo, no puede reducirse a esa lógica de azar. En el juego, como en la política, se aplican reglas y estrategias, pero mientras en el casino el azar decide, en la geopolítica la improvisación puede costar estabilidad, alianzas y vidas. El jugador que desconoce las cartas del contrario, arriesga perderlo todo.

China, Rusia y la estrategia de Kissinger

En 1972, Richard Nixon y Henry Kissinger demostraron que la diplomacia no es azar, sino cálculo estratégico. La visita secreta a Pekín, en plena ruptura chino‑soviética, permitió a Estados Unidos normalizar relaciones con la República Popular China y aislar a Moscú. Esa jugada, lejos de ser un golpe de suerte, fue el resultado de un plan meticuloso que transformó el equilibrio de la Guerra Fría y abrió la puerta a la integración económica de China en el sistema internacional.

Aquel acontecimiento marcó un giro en las relaciones internacionales: Estados Unidos procuraba aprovechar las diferencias entre las dos potencias comunistas para reducir la influencia soviética con Pekín y mejorar su posición geopolítica.

Hoy, la administración Trump, basada en sanciones económicas, amenazas militares y bloqueos comerciales, ha sido un juego de azar mal calculado frente a Rusia. En lugar de impedir la alianza entre Pekín y Moscú, la ha fortalecido. El “póker de ases” que Washington creyó tener en sus manos se convirtió en una jugada fallida: la unión chino‑rusa, presentó un “Royal a la “K”. Ahora más sólida que nunca, y el tablero internacional se inclina en contra de los intereses norteamericanos.

La estrategia consistía en acercarse a Pekín para contrarrestar a Moscú. No se trataba de una simple negociación comercial, sino de una maniobra diplomática calculada, mediante la cual Washington comprendió que las rivalidades entre sus adversarios podían convertirse en una ventaja para sus propios intereses. “Divide y vencerás”

La geopolítica exige visión de largo plazo, capacidad negociadora y respeto por la experiencia histórica. No se trata de apostar fichas en una mesa de casino, sino de construir equilibrios duraderos. Cuando se confunde estrategia con azar, el resultado es el debilitamiento de la posición global de Estados Unidos y el fortalecimiento de sus adversarios.

Póker de “A” para Washington

En el póker, una mano aparentemente ganadora puede terminar en derrota cuando el jugador interpreta equivocadamente las cartas del adversario. En la geopolítica sucede algo parecido: las sanciones económicas, las amenazas militares y las restricciones comerciales pueden ejercer presión sobre un rival, pero también pueden empujarlo a buscar alianzas que antes no consideraba indispensables.

¿Puede Estados Unidos pretender contener a China y Rusia mediante una política de presión que, paradójicamente, las incentive a estrechar sus relaciones? ¿No corre Washington el riesgo de convertir a dos competidores con intereses diferentes en socios estratégicos frente a una amenaza común?

China-Rusia “Royal a la “K”

Trump convencido de tener un Póker de “A”, termina facilitando la unión estratégica de China y Rusia, habrá que preguntarse quién está ganando realmente la partida: ¿Washington, que apuesta por la confrontación, o sus adversarios, que encuentran en esa confrontación razones adicionales para unirse? Rusia-China, presentaron: “Royal a la K”. En el juego de las grandes potencias, no siempre pierde quien tiene las cartas más débiles, sino quien, creyéndose dueño de la partida, subestima la capacidad de sus contrarios.

Si Washington insiste en jugar a la suerte en lugar de a la diplomacia, terminará perdiendo no solo la partida, sino también la credibilidad como potencia capaz de sostener el orden internacional. La improvisación no es estrategia; en geopolítica, el azar es sinónimo de derrota.

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