La diáspora vale más que sus remesas
Por IVAN CANALS Valorar el artículo del senador sobre la diáspora dominicana es, antes que nada, reconocer que por fin estamos ampliando la conversación. Durante demasiado tiempo hemos celebrado a nuestros compatriotas…
Por IVAN CANALS
Valorar el artículo del senador sobre la diáspora dominicana es, antes que nada, reconocer que por fin estamos ampliando la conversación. Durante demasiado tiempo hemos celebrado a nuestros compatriotas en el exterior solo cuando llega el reporte del Banco Central.
Y los números de 2026, por sí solos, impresionan. Entre enero y septiembre, las remesas alcanzaron US$9,489.8 millones, un crecimiento de 6.5% respecto al mismo periodo de 2025, con US$577 millones adicionales. Solo en septiembre ingresaron US$1,057.1 millones, el séptimo mes consecutivo por encima de los US$1,000 millones, a pesar de un entorno internacional complejo con conflictos en Medio Oriente y petróleo al alza. Con esa tendencia, la proyección de cierre es de US$12,600 millones.
El origen de ese esfuerzo tiene rostro y geografía. Según el Banco Central, el 80.9% de las remesas de septiembre, US$780.1 millones, provino de Estados Unidos. España aportó el segundo flujo con US$59.9 millones, equivalente al 6.2%, seguida por Italia, Haití y Suiza.
Esa distribución no es casual. Es el reflejo directo del mapa de nuestra diáspora.
Según el Registro Sociodemográfico del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), tres millones de dominicanos residen fuera del país. De ellos, 2,398,009 viven en Estados Unidos, donde somos la quinta población migrante más grande y representamos el 3.5% del total de inmigrantes. La gran mayoría se concentra en Nueva York, Nueva Jersey, Florida y Massachusetts.
El segundo polo es España, con más de 201,000 dominicanos, seguida por Puerto Rico con 53,175, Italia con 29,791, Chile con 22,836, Canadá con 22,125 y Países Bajos con 17,979.
No hablamos de una minoría. Hablamos de casi tres millones de dominicanos, más población que la que reside en el Distrito Nacional. Como dijo el ministro José Ignacio Paliza en Nueva York el pasado 23 de septiembre durante la presentación de Meta RD 2036, hablar del futuro de la República Dominicana en Nueva York es hablar también de los dominicanos que, aun viviendo fuera de nuestras fronteras, nunca han dejado de construir nuestro país.
EL CAPITAL QUE NO APARECE EN LA BALANZA DE PAGOS
Y aquí es donde el planteamiento del senador acierta de lleno. Las remesas, que en 2023 fueron US$10,157.2 millones y en 2026 superarán los US$12,600 millones, representan cerca del 10.6% del PIB. Son esenciales para alimentos, medicamentos, educación y vivienda. Pero son solo la punta del iceberg.
Qué hay del capital humano. Dominicanos dirigiendo quirófanos en el Bronx, enseñando en la Universidad Complutense de Madrid, programando en Silicon Valley, abriendo restaurantes en Milán, jugando en Grandes Ligas, legislando en el Concejo de Nueva York, produciendo cine en Los Ángeles. Cada historia de éxito es un puente potencial para exportaciones, inversión extranjera, turismo y transferencia de conocimiento.
La pregunta que lanza el senador es la correcta. Cuántas oportunidades estamos perdiendo por no tener mecanismos efectivos para conectar ese talento con las necesidades del país.
DE LA REMESA AL PATRIMONIO
Por eso es tan relevante el proyecto de ley de repatriación segura de capitales que impulsa como presidente de la Comisión Permanente de Dominicanos Residentes en el Exterior del Senado.
No se trata de pedirles que envíen más. Se trata de darles garantías para que una parte de esos recursos pueda transformarse en ahorro, inversión productiva y patrimonio familiar aquí. Facilidades impositivas claras, seguridad jurídica para adquirir una primera vivienda sin trabas, ventanilla única para emprender, incentivos para traer sus empresas o montar franquicias.
No es caridad. Es inteligencia económica. Si solo el 10% de los US$12,600 millones proyectados para este año se canalizara hacia inversión productiva con incentivos, estaríamos hablando de más de US$1,200 millones en capitalización para la economía local.
LO QUE NECESITAMOS: MENOS BUROCRACIA, MÁS PUENTES
La respuesta no puede ser crear más oficinas del INDEX con presupuestos mínimos para atender a cientos de miles de dominicanos. Necesitamos menos estructura burocrática y más resultados.
Necesitamos redes profesionales formales que vinculen médicos, ingenieros y docentes de la diáspora con hospitales, universidades y escuelas técnicas del país. Necesitamos un fondo de coinversión y garantías para emprendimientos de retornados. Necesitamos titulación y validación de competencias ágil, para que un dominicano formado afuera no tenga que empezar de cero aquí.
UN PAÍS AL QUE VALGA LA PENA VOLVER
El objetivo final, como plantea el senador, no debe ser que nuestros compatriotas solo nos recuerden para enviar dinero. Debe ser construir un país donde regresar no signifique sacrificar lo conquistado afuera.
Un país con seguridad ciudadana, con servicios públicos que funcionen, con estabilidad jurídica y con libertad económica para prosperar. Un país que haga que un joven de Washington Heights o de Usera diga, puedo volver y estar mejor.
Cada dominicano que triunfa fuera es un embajador que no le cuesta un peso al Estado. Es una extensión de poder en Washington, en Madrid, en Roma. Nuestro poder no termina donde termina nuestro territorio.
Reconocer a la diáspora no es agradecerle lo que envía. Es entender todo lo que representa y todo lo que aún puede dar.
Porque no son dominicanos que se fueron. Son dominicanos que, desde lejos, siguen construyendo la República Dominicana. Ahí, precisamente ahí, es donde empieza el verdadero Dominican Dream.










