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Opinión

¿Hacia una inusual educación?

O los que nos instruyeron académicamente y en nuestro entorno también conformaron parte de la denominada post-verdad, o estábamos y estamos equivocados. Tal vez los veleidosos y licenciosos, tienen la razón. Cuesta…

Fernando A. de Le0N··Comentar

 O los que nos instruyeron académicamente y en nuestro entorno también conformaron parte de la denominada post-verdad, o estábamos y estamos equivocados. Tal vez los veleidosos y licenciosos, tienen la razón.

   Cuesta trabajo el discernir sobre por qué gente que proviene de hogares humildes y paradigmáticos que más o menos tuvieron nuestra formación, cambian tan frecuentemente de “chaqueta” política. Según van las cosas, tendremos que suministrarles una educación menos estricta a nuestros descendientes.

   Parecería entendible decirles que si quieren progresar y ser exitosos, no sigan las normativas educacionales que nos enseñaron sus abuelos y nuestros mentores; que todo fue una farsa.   Que deben ser hedonistas, consumistas, sofistas, taimados, arrogantes, fantoches, arribistas, y siempre estar de acuerdo con los sectores de poder.

   Y, si acaso pretendieran ser aventajados profesionales e intelectuales deberían zigzaguear constantemente según “soplen los vientos”, para obtener beneficios del clientelismo político.  Claro, para ello habría que inocularles que la seriedad es relativa, y la verticalidad en lo prístino de principios políticos e ideológicos, es sólo un prurito.

   Por supuesto hay que convencerlos de que como dijo el político y periodista venezolano, Teodoro Petkoff, el que no cambia de opinión es un idiota. Y ello se debe hacer con frecuencia y convenientemente; el oportunismo y el arribismo devendrían en síntomas de progreso.

   Habría que reforzar sus actos conductuales advirtiéndoles que pertenecen a dos tercios de isla donde lo dialéctico es una quimera y el individualismo, una virtud. Hay que inducirlos en que todo el tiempo deben mentir, y no tener agradecimientos generacionales, ni ser tan torpes, leales, románticos y pendejos como fuimos nosotros.

   Sería de rigor explicarles que deben ser intolerantes; pero sobre todo, decir una cosa y hacer otra. Y, esto incluye el amasar fortunas e instalar empresas o negocios sin poder justificarlos.  Que no hagan caso a lo que decía Honorato De Balzac: “detrás de toda gran fortuna hay un gran crimen” porque ser millonario fraudulentamente, en estos tiempos, es un mérito.

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