Expresión sorpresa de un niño
POR ANGELITA BAEZ Entramos al templo repleto de fieles. Llegamos un poquito pasada la hora, por lo que me ocupaba en buscar un espacio donde mi familia y yo pudiéramos abarcar el ritual del servicio. Mientras…
POR ANGELITA BAEZ
Entramos al templo repleto de fieles. Llegamos un poquito pasada la hora, por lo que me ocupaba en buscar un espacio donde mi familia y yo pudiéramos abarcar el ritual del servicio.
Mientras mi esposo y yo tratábamos de movernos con toda reverencia, con los niños agarrados de las manos mientras miraban a todos lados impresionados por el orden y fervor de los feligreses.

El templo estaba casi en penumbras y solo se escuchaba el tintineo de las campanas del Obispo oficiante y sus ayudantes, quienes en profunda armonía con el ambiente mecían los incensarios impregnando el ambiente de profunda devoción.
Por fin encontré un espacio donde podía divisar el Altar. Una inmensa cruz portaba la figura de Jesús, inmenso, del mismo tamaño de un hombre normal. Un Jesús crucificado, realmente impresionante, conmovedor, rodeado por unos cirios inmensos, cuyo crujido se escuchaba ante el silencio morboso de los adoradores.
Todos estábamos conmovidos por el ritual, era nada más y nada menos que un viernes santo en la hora vespertina. Había ambiente de luto y extremo dolor.
Esta conmemoración tenía una connotación real. Yo me concentré tanto en el ritual y cuál no sería mi sorpresa !!! Mi hijo dirigió su mirada al Altar y respiró profundo!
Se soltó de mi mano con voz que más parecía un trueno que la expresión de un niño de cuatro años, exclamó: «!Coño, quien lo mató?»
jpm











