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Opinión

¡El Estado profundo no es ficción!

En medio de la creciente proliferación de especialistas en geopolítica, que intentan ofrecer explicaciones parciales a los males que aquejan al mundo de hoy, se hace evidente que el problema es mucho más complejo y…

Frank Lithgow··Comentar

En medio de la creciente proliferación de especialistas en geopolítica, que intentan ofrecer explicaciones parciales a los males que aquejan al mundo de hoy, se hace evidente que el problema es mucho más complejo y su entramado mucho más oscuro de lo que se pretende admitir.

Nos han hecho creer que la existencia del Estado profundo es una mera metáfora, un recurso retórico para explicar lo inexplicable. Pero esta idea está lejos de ser una fábula o una exageración: el Estado profundo no solo es real, sino que actúa como una fuerza sombría y despiadada que extiende sus tentáculos por todo el planeta y más allá, con el propósito de alcanzar el control absoluto de la humanidad.

Este aparato invisible ha identificado los pilares estratégicos necesarios para consolidar su dominio: la guerra, la salud, la educación y la alimentación. A través de estos ejes, nutre sus ilimitadas ambiciones y refuerza su influencia global. La promoción de conflictos armados no es casualidad; es un motor calculado para alimentar la industria bélica, como también lo son las acciones de figuras destacadas, como Bill Gates, George Soros y otros actores clave de ese siniestro entramado. Desde el control de la industria farmacéutica hasta la adquisición masiva de tierras agrícolas, cada movimiento está diseñado para someter y condicionar nuestras vidas bajo su férreo control.

Mientras tanto, los medios de comunicación, manejados por los mismos arquitectos de esta maquinaria, nos distraen con narrativas de enfrentamientos y luchas de poder que nos presentan como si fueran una película de ficción. Pero esta no es una ficción: es una realidad amarga, orquestada meticulosamente para mantenernos entretenidos mientras el Estado profundo se adueña del futuro de la humanidad.

Despertemos, porque esta no es una amenaza abstracta. Es una bestia insaciable que avanza sin piedad, y detenerla es un imperativo antes de que sea demasiado tarde. ¿Cuánto más podemos ignorar el rugido de esta peligrosa maquinaria?

jpm-am

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