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Opinión

El complejo del «pequeño paisito»: una trampa para RD

POR FRANK LITGOW B. En las últimas décadas, se ha vuelto común escuchar a algunos destacados periodistas y empresarios dominicanos referirse a nuestro país como un «pequeño paisito». Este discurso, aparentemente…

Abukarma Cabrera··Comentar

POR FRANK LITGOW B. 

En las últimas décadas, se ha vuelto común escuchar a algunos destacados periodistas y empresarios dominicanos referirse a nuestro país como un «pequeño paisito». Este discurso, aparentemente inofensivo, encierra una peligrosa narrativa de autocompasión y resignación. ¿Hasta qué punto es justificado? Y más importante aún, ¿a quién beneficia esta visión de la República Dominicana como un país que siempre se ve impotente frente a sus desafíos?

Este lenguaje revela una aceptación implícita de nuestra incapacidad para resolver problemas por nosotros mismos. Cada vez que se menciona el «pequeño paisito», pareciera que se nos insta a conformarnos con el desorden, la ineficiencia y la corrupción que tanto han lastrado nuestro desarrollo.

Sin embargo, paradójicamente, quienes más frecuentemente se aferran a esta retórica disfrutan de los privilegios que justamente se derivan de ese mismo caos que contribuyen a perpetuar. Es decir, mientras promueven la idea de un país incapaz, se benefician del desorden estructural que aseguran no poder cambiar.

Es importante resaltar la falsedad de esta narrativa. Países con dimensiones territoriales incluso menores que las de la República Dominicana, como Holanda (33 mil kilómetros cuadrados) y Suiza (44 mil kilómetros), son ejemplo de desarrollo, estabilidad y respeto internacional.

¿Qué les permite avanzar y destacarse en el escenario global, si no cuentan con los recursos naturales, las riquezas o el clima privilegiado que tiene nuestra isla? La respuesta es clara: no se han dejado encadenar por una visión limitante de su propia capacidad. No se ven como «pequeños» ni permiten que otros los subestimen.

Lo que nos impide avanzar no es la extensión territorial, sino un sistema que ha favorecido a una élite mientras el resto del país lucha por subsistir. Es hora de romper con la trampa del «pequeño paisito» y poner el foco en lo que realmente frena nuestro desarrollo: las exenciones fiscales que disfrutan ciertos sectores privilegiados, los evasores de impuestos que amasan fortunas mientras el pueblo paga las consecuencias y la publicidad gubernamental innecesaria que financia esos mismos grupos de poder.

La República Dominicana tiene un potencial inigualable, pero para liberarlo, debemos exigir un cambio real. El pueblo tiene el derecho, y el deber, de demandar transparencia: una lista pública de los grandes evasores de impuestos, una reforma que elimine los privilegios fiscales injustificados, y un régimen político que priorice los intereses colectivos. Solo así podremos comenzar a escribir una nueva narrativa, una donde no seamos «pequeños» ni resignados, sino protagonistas de nuestro propio desarrollo.

El futuro del país no puede seguir condicionado por una visión limitada y autodestructiva. Es momento de rechazar el complejo del «pequeño paisito» y reclamar lo que por derecho nos pertenece: una República Dominicana fuerte, próspera y capaz de enfrentar cualquier desafío, sin autocompasión ni excusas.

jpm-am

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