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Opinión

El buen crédito de un medio… 

Hoy, con los avances científicos-tecnológicos alcanzados, la ciencia de la comunicación se ha bifurcado en múltiples expresiones-modalidades, pero en dos especificas: a) las tradicionales: radio, medios impresos y…

Francisco S. Cruz··Comentar

Hoy, con los avances científicos-tecnológicos alcanzados, la ciencia de la comunicación se ha bifurcado en múltiples expresiones-modalidades, pero en dos especificas: a) las tradicionales: radio, medios impresos y televisión -obviando cine y teatro por ser arte-; y b) la Internet-virtual: redes sociales, periódicos digitales y el fenómeno de la posverdad que, en cierta forma, no es nuevo sino que ahora es masivo-invasivo y puede estar en manos de nuevos actores políticos-ideológicos, corporativos, subversivos y fácticos. En otras palabras, que lo que antes, prácticamente, emanaba de los centros del capitalismo mundial y el bloque-comunista-socialista -como expresión de la Guerra fría y la geopolítica- a través de sus resortes periodísticos-propagandísticos (agencias de noticias), hoy puede estar en  manos de terroristas o piratas cibernéticos.

De modo tal que, en cada noticia o información que se cuelga o filtra en la web, redes sociales o por los medios tradicionales de divulgación de noticias (que ya no son las vías de audiencia masiva) pesará mucho, a la hora de darle crédito -de objetividad-autenticidad-, el medio que difunda la noticia. Por lo que hoy, los medios tradicionales; aunque hayan adaptados sus plataformas periodísticas a los nuevos avances científicos-tecnológicos, su suerte-vigencia, más que nunca, dependerá de defender, a capa y espada, esos dos presupuestos deontológicos-tecnológicos: ética-objetividad y tecnología.

Pero hay otro valor -científico-neurálgico- para la sobrevivencia del periodismo como ciencia y aporte a la construcción de una conciencia crítica ciudadana cada vez más informada -y al día- de lo que ocurre-acontece en un país y el mundo; o más trascendente, de lo que sus gobernantes y demás actores públicos-privados hacen –o dejan de hacer- en el ámbito de la esfera pública y que termina impactándole de una u otra forma. Ese otro valor agregado es: la investigación periodística de denuncia o de análisis-perspectiva sobre una  determinada problemática sociopolítica-económica que puede devenir en crisis política-institucional, de gobernabilidad o, en una catástrofe de índole social, medio-ambiental  o de salud pública que afecte a un  país.

En consecuencia, nunca como hoy los medios y los profesionales del periodismo están compelidos a enfrentar esos desafíos desde un ejercicio profesional donde el primer estandarte debe ser la credibilidad, el uso de las nuevas tecnologías, la investigación; pero, sobre todo, el cuidar, siempre, la calidad, la ética y el crédito público del medio.

Es como tener siempre a mano “…el bisturí de la duda…”, como escribiera un ducho periodista, para evitar parir-reproducir, entre otros fenómenos, digo yo, periodistas constitucionalistas -otrora “ingenieros constitucionalistas”-, sindicalistas políticos o, periodistas “político de la secreta” u caza-“noticias”-chismes de redes.

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