Del disco compacto al streaming: el cambio en el consumo de música
El uso de reproductores portátiles y transferencias manuales marcó una etapa de paciencia previa a las plataformas digitales inmediatas…
El disfrute musical contemporáneo se caracteriza por la inmediatez de los teléfonos inteligentes, pero dos décadas atrás la experiencia exigía un procedimiento pausado y manual. Durante los primeros años del nuevo milenio, los discos compactos, los ordenadores personales y los dispositivos portátiles articulaban la rutina cotidiana de los usuarios que deseaban transportar melodías preferidas hacia cualquier destino.
La confección de compilaciones grabadas en discos vírgenes constituía una práctica habitual para reproducir selecciones específicas en vehículos, equipos residenciales o reproductores portátiles como el Discman, según reseñó un reporte de N Digital. Si alguna pista faltaba en la selección, era indispensable rastrearla, descargarla de la red y volver a tostar el soporte óptico para completar la colección.
La posterior irrupción de los reproductores MP3 transformó aquel panorama al condensar decenas o cientos de archivos de audio dentro del bolsillo, una prestación que en aquel período equivalía a la libertad que hoy brindan las suscripciones de transmisión continua. Asimismo, el intercambio de temas entre teléfonos celulares dependía de enlaces inalámbricos por Bluetooth, un trámite que solía prolongarse durante varios minutos por cada pista sonora en boga.
Cuando la comunicación inalámbrica por Bluetooth resultaba inviable, los usuarios apelaban a puertos infrarrojos, cables de enlace USB y tarjetas de almacenamiento extraíbles para mudar los archivos. En aquellos años, la secuencia completa de ubicar una composición, bajarla a la computadora, transferirla al equipo de mano y clasificarla en carpetas representaba un ritual de paciencia que contrasta radicalmente con la sencillez actual de pulsar una pantalla y acceder al instante a millones de creaciones sonoras.
Con información de N Digital.




