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Opinión

De modas, prejuicios y formalidades

Por esos prejuicios que nos nublan y hasta hacen caer relámpagos cometemos tantas injusticias. Guiados por patrones impuestos sobre formalidad que no son más que construcciones sociales, calificamos o descalificamos…

Petra Saviñón··Comentar

 

Por esos prejuicios que nos nublan y hasta hacen caer  relámpagos cometemos tantas injusticias.

Guiados por patrones impuestos sobre formalidad que no son más que construcciones sociales, calificamos o descalificamos. Tachamos sin tomar la molestia de ir  más allá, de acercarnos al fondo.

El concepto de sobriedad está enfocado sobre todo, en el vestuario y en la forma de peinarse.

Caemos en una estructura impuesta en principio por moda o por necesidad. A eso ha respondido la ropa desde la era precristiana.

Las vestimentas formales están muy lejos de lo que fueron en los  inicios de los que la humanidad tiene conocimiento.

Es chocante imaginar que un dignatario acuda a sus funciones en anchos pantalones cortos, con capa pero sin camisa o con los hombros al aire y  con los parpados pintados de negro o con calzones estrechos más arriba de las rodillas con medias blancas debajo.

Pues revisar la historia nos recordará que en otras épocas eso era formalidad.

¿Es ridículo imaginar a un hombre con zapatos altos? No, si pensamos que esa prenda fue inventada para los varones de baja estatura.

El rey Eduardo VIII convirtió en formales indumentarias que en principio fueron consideradas extravagantes. Muchas inspiradas en los trajes campesinos.

Cuando el  rey Luis XIII empezó a perder cabello puso de moda las pelucas, más tarde atuendo elegante. Las corbatas fueron inventadas para ocultar la ordinariez de los botones.

Así, lo sobrio, formal correcto o elegante surge o para suplir una necesidad o para complacer un capricho y su acogida depende de su creador. La tendencia es seguir las pautas de los que representan poder en toda la extensión de la palabra.

Pasa igual con el estilo del cabello. Todavía a estas alturas en los medios aparecen los peinados de temporada y todavía, pero gracias a la vida es cada vez menor, persiste la resistencia a que las mujeres que lo tienen rizado o crespo  lo mantengan de esa forma.

Con las críticas es  mantenida la  costumbre  de que el pelo “correcto” es el lacio. Claro, como  el de nuestros ancestros españoles, que representan el concepto de superioridad frente a  los africanos.

De esa manera queda demostrado que en  eso de los  atuendos depende de quién cargue los trapos. Quizás por eso algunos pueden entrar a Palacio en camiseta, jean y tenis. Aun solo algunos.

JPM

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