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Opinión

Cuando una joven me cedió su asiento en el metro de Madrid

POR EDWIN DE LA CRUZ Durante mi visita a Madrid viví una experiencia sencilla, de apenas unos segundos, pero que me dejó reflexionando durante mucho tiempo. Viajaba de pie en el metro, sujetándome de una barra…

Redacción··1 comentario

POR EDWIN DE LA CRUZ

Durante mi visita a Madrid viví una experiencia sencilla, de apenas unos segundos, pero que me dejó reflexionando durante mucho tiempo.

Viajaba de pie en el metro, sujetándome de una barra, cuando una joven española, muy amable y hermosa, me miró con sus grandes ojos azules y me dijo: “¿Se quiere sentar, por favor?”. Pensé que no había escuchado bien. Le pregunté qué había dicho y volvió a insistir. Entonces le pregunté algo que me salió de manera espontánea: “¿Por qué?”.

Su respuesta fue tan simple como contundente: “Porque debo ceder este asiento a personas mayores que yo o que tengan alguna condición especial”.

Confieso que aquella respuesta me impactó. Por un lado, admiré el nivel de respeto y conciencia ciudadana que reflejaba aquella joven. No se trataba de una obligación impuesta, sino de una conducta asumida con naturalidad. Era una muestra de educación, consideración y convivencia.

Pero, por otro lado, aquella explicación me llevó a una reflexión más personal. De repente comprendí que ya no soy aquel muchacho que alguna vez fui. Los años han pasado. Ya superé los cincuenta y, aunque por dentro uno siga sintiéndose joven, la sociedad comienza a verte desde otra perspectiva.

Al principio me causó sorpresa. Después me provocó una sonrisa. Y finalmente me hizo pensar que envejecer no es una derrota, sino un privilegio que no todos alcanzan. Los años traen experiencias, aprendizajes y una mirada distinta sobre la vida.

Aquella joven no solo me ofreció un asiento. Sin proponérselo, me regaló una lección sobre el respeto y una amable invitación a aceptar que el tiempo sigue su curso.

Y sí, terminé sentándome. Aunque debo admitir que me tomó unos segundos aceptar que aquel asiento reservado también era para mí.

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pancho sin
pancho sin
2 meses atrás

A mi me sucedio lo mismo en Madrid, al subir el tren mi esposa logro sentarse y el joven que estaba al lado me dijo venga tio sientese, yo lo acepte y ese dia entendi que ya era un viejo aun sin ninguna incapacidad fisica.