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Opinión

Cuando la ira decide y la razón llega tarde

POR YANET GIRON Vivimos en una sociedad donde la reacción suele imponerse a la reflexión. La ira aparece como respuesta inmediata ante cualquier provocación. Basta una palabra mal dicha para encender conflictos que…

Redacción··Comentar

POR YANET GIRON 

Vivimos en una sociedad donde la reacción suele imponerse a la reflexión. La ira aparece como respuesta inmediata ante cualquier provocación. Basta una palabra mal dicha para encender conflictos que luego terminan en tragedia. Pensar después ya no sirve cuando el daño está hecho.

Muchos enfrentamientos nacen de discusiones simples y egos mal manejados. El orgullo, el “yo soy” y el falso valor sustituyen al autocontrol. Personas que no buscaban problemas terminan atrapadas en situaciones ajenas. El impulso les cuesta más de lo que imaginan.

La violencia no siempre nace de la maldad, sino de no saber detenerse. Hay quienes provocan porque no tienen nada que perder. Otros, teniendo familia y futuro, caen en la trampa de responder. Esa diferencia debería marcar la decisión de retirarse.

Según lo reportado en medios, dos jóvenes que supuestamente eran amigos se enfrentaron por un conflicto personal. La discusión escaló hasta un ataque con armas blancas. En minutos, la ira destruyó vínculos y dejó consecuencias irreversibles.

Casos similares ocurren en pequeños negocios. Personas que presuntamente consumen y luego se niegan a pagar, buscando provocar. El dueño, cansado y airado, responde desde la emoción. La discusión sube y el final es una desgracia evitable.

Evitar un conflicto no es debilidad, es inteligencia emocional. La Biblia lo enseña al hablar de poner la otra mejilla. No como sumisión, sino como dominio propio. Retirarse a tiempo también es una forma de ganar.

Preocupa la falta de empatía y el irrespeto a los límites ajenos. Provocar, humillar y empujar al otro también es violencia. Jugar con la paciencia de alguien es jugar con su vida. Esa realidad no se puede seguir normalizando.

Como sociedad, urge pensar antes de reaccionar. Ningún orgullo vale una vida, ninguna provocación justifica una tragedia. Controlar la ira es un acto de madurez. El que se va a tiempo, vive para contarlo.

jpm-am

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