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Opinión

¿Cómo que hasta Dios lo ve?

Es verdad bien sabida que los refranes encierran un conocimiento basado en la experiencia que resulta útil porque facilita la valoración de acontecimientos y personas. Se trata de un saber consolidado por la práctica de…

Rafael Peralta Romero··Comentar

Es verdad bien sabida que los refranes encierran un conocimiento basado en la experiencia que resulta útil porque facilita la valoración de acontecimientos y personas. Se trata de un saber consolidado por la práctica de quienes nos han precedido en sus pasos por la vida. Con sus tropiezos hemos aprendido a levantar los pies al andar.

Refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas son unidades lingüísticas que guardan en común la condición de que rezuman saberes y se agrupan en el nombre genérico de paremia. Es el tipo de sabiduría que llamamos popular. Jesucristo usó esta forma de expresión: “El que a hierro mata, a hierro muere”. (Mt 26, 51-52).

Las expresiones paremiológicas se fundamentan en un hecho real del cual se extrae un conocimiento en torno a seres y cosas que influyen en la vida humana. Como ocurre en la ciencia con la comprobación, la verdad se determina por la repetición del fenómeno. En la práctica social, la observación del fenómeno repetido conduce a la verdad. Así se estableció este adagio: “Culebra no se amarra en lazo”.

Lo que no entiendo, lo que me parece desatinado es afirmar que: “Lo mucho hasta Dios lo ve”. Dicho también: “Lo demasiado hasta Dios lo ve”. Con ello se quiere atestiguar que el exceso o el abuso tienen un límite (Bruno Rosario Candelier, Diccionario de refranes, ADL, 2018, página 269). Dios lo ve todo, si ve lo poco ¿por qué no ha de ver lo mucho?

Resulta contradictorio usar a Dios como término comparativo, siendo, como es, el ser omnipresente por excelencia. Él es precisamente quien más ve, pues además está en toda parte. Es válido decir que hasta un ciego lo ve. Pero Dios no es ciego. El adverbio /hasta/ expresa un grado extremo de la inclusión, se refiere a un sujeto de quien no se espera la acción de que se trate.

“Eso lo saben hasta los chinos de Bonao”, es ejemplo de lo anterior, pues de esos ciudadanos se estimaba que nunca estaban enterados de nada, sobre todo si era de política, en los tiempos tenebrosos del trujillato. Pero Dios no está en esa situación, por cuanto: «No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta». (Hebreos 4:13).

Desconozco, pues no lo he indagado, el origen del refrán comentado. El propósito por ahora es mostrar su impertinencia. Sin que este artículo persiga fines religiosos, me permito especular que el decir “Lo mucho hasta Dios lo ve” se traduce en una minimización del Ser Supremo. O quizá se le atribuya indiferencia ante las ocurrencias de los humanos.

Pero sin llegar tan lejos, vale decir considerar que la expresión carece de sentido lógico, pese a que la intención de lo dicho es compatible con valores morales aceptables. Los dejo con la opinión de don Quijote, un gran usuario de refranes, respecto de esta forma de comunicar:

“Mira, Sancho- respondió Don Quijote-: yo traigo los refranes a propósito y vienen cuando los digo como anillo en el dedo; pero tú los traes tan por los cabellos, que los arrastras y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no viene a propósito antes es disparate que sentencia”. (Don Quijote de la Mancha II, capítulo LXVII, pág. 1065, edición IV Centenario).

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