Eliminar el 50 más uno es necesario
El establecimiento del 50 más uno en la Constitución en el año 1996 para poder ganar las elecciones, fue el resultado del pacto rastrero y racial del Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Reformista…
El establecimiento del 50 más uno en la Constitución en el año 1996 para poder ganar las elecciones, fue el resultado del pacto rastrero y racial del Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Reformista firmado por Juan Bosch, acosado por los años y por el alzhéimer, y por Joaquín Balaguer, muerto en vida con 89 años, para impedir que el otrora líder del Partido Revolucionario Dominicano José Francisco Peña Gómez fuera electo presidente de la República como pronosticaban todas las encuestas.
Peña Gómez había sido objeto de un fraude en 1994 que provocó una crisis pots electoral, obligando al doctor Balaguer a recortar su mandato presidencial ofreciendo el famoso “dos y dos” que el líder del PRD no aceptó, lo cual, desde mi punto de vista, fue un error.

Solo en 9 países del hemisferio se gana con más del 50% de los votos, a saber, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, Perú, Uruguay y la República Dominicana. En Bolivia la segunda vuelta la decide el Congreso. El “Ballotage”, o segunda vuelta, es un problema de costo, que además, suele generar crisis electorales que atentan contra el sistema democrático en sí mismo.
Hay países que establecen una diferencia de diez puntos entre el primer y el segundo lugar para evitar la segunda vuelta como es el caso de Ecuador; en Costa Rica se gana con 40% y en Nicaragua 45%. En otros basta una mayoría simple. El que saca más voto, es el ganador automático.
En Estados Unidos el modelo es complejo y antidemocrático porque el que más votos obtiene no necesariamente gana la presidencia, tal es el caso de Hilary Clinton que sacó tres millones de votos más que Donald Trump y sin embargo perdió. Un gran reto para muchos países incluyendo los desarrollados es el alto nivel de abstención de los ciudadanos.

En este país debería ponerse sobre el tapete además del 50 más uno, la composición de las cámaras legislativas, la independencia del Ministerio Público, el fortalecimiento de los derechos y deberes de los ciudadanos, la ley de partidos, la ley electoral, los distintos códigos actualizándolos, para que tengamos un verdadero Estado democrático de derecho.
Pero la mediocridad, la falta de visión, de inteligencia política, el oportunismo y la inmediatez, impiden un pacto por la democracia donde confluyan todas fuerzas políticas interesadas en el desarrollo nacional.
JPM











