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Opinión

Hechos de mentiras

Tantas veces no queda más que cerrar la boca después de abrirla por la sorpresa ante el comportamiento voluble, extraño de seres humanos que proyectan una imagen afable, segura, que predican sobre valores y solidaridad…

Petra Saviñón··Comentar

Tantas veces  no queda más que cerrar la boca después de abrirla por la sorpresa ante el comportamiento voluble, extraño de seres humanos que proyectan una imagen  afable, segura, que predican sobre valores y solidaridad, pero no con el ejemplo.

En estos días he quedado pasmada ante el comportamiento de individuos  que después de proponer entusiastas, por su propia cuenta,  salidas a problemas sociales y personales, escapan sin más explicaciones, sin mayores detalles.

Personas que defienden los derechos humanos de los que están lejos, pero no son capaces del más mínimo gesto de desprendimiento, de compasión con el de al lado, con el próximo, con el prójimo, con el cercano.

¿De que estamos hechos? ¿Cuál es la materia que nos obliga a anteponer nuestros intereses a los  de los otros, sin importar que incurramos en acciones mezquinas, perversas?.

La capacidad de manipular, de engañar, de fingir nos convierte en maestros de ese arte de la simulación que permea el cotidiano trato con nuestros semejantes.

Pero esa apariencia de fortaleza, ese afán de ser tener por encima de lo que sea, al final deja desnudos a seres humanos llenos de carencias, inmaduros emocionales. Gente incapaz de enfrentar sus sentimientos, de confrontarse a sí misma, que asume que huir borra la realidad.

Qué equivocados cuando pensamos que podemos convencer con nuestra fachada de gente de bien. Cuando estimulamos a otros a ser mejores ciudadanos, mejores  hijos, mejores padres, pero nos sustraemos de nuestra propia verdad. Cerramos los ojos para que no exista.

Así damos larga a situaciones que no tenemos el valor de enfrentar y seguimos con nuestra ropa de gente adulta, por esa vida que tarde o temprano nos desgatará.

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