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Económicas

¿Está RD al límite entre la deuda y los impuestos?

POR ALEJANDRO SANTOS Resulta inadmisible que, mientras los ciudadanos y empresas dominicanas se sienten asfixiados por los impuestos, se insista en que la presión tributaria es baja en la República Dominicana, como si…

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POR ALEJANDRO SANTOS

Resulta inadmisible que, mientras los ciudadanos y empresas dominicanas se sienten asfixiados por los impuestos, se insista en que la presión tributaria es baja en la República Dominicana, como si ese solo dato fuera razón suficiente para cobrarles más.

De manera silenciosa, se siguen aplicando aumentos de impuestos. No se detiene el acoso impositivo. Combatir la evasión fiscal puede ser un argumento válido, pero las exigencias son cada vez más duras y pesan cada vez más sobre los presupuestos familiares.

Se está dando una correlación entre la deuda, el déficit y los impuestos.

Empecemos por ver un ejemplo representativo del aumento de la deuda. Basta  comparar dos cifras de la Dirección General de Crédito Público. Al cierre de 2025, la deuda del sector público no financiero era de US$61,550 millones y, para agosto de 2026, ya rondaba los US$67,650 millones.

En apenas ocho meses, la deuda aumentó unos US$6,100 millones, casi un 10 %. Ante un aumento de esa magnitud, el ciudadano tiene derecho a preguntar qué se ha financiado con esos recursos y de dónde saldrá el dinero para responder por esos compromisos.

Es indiscutible que el peso de esa deuda llega también a los pueblos. Una comunidad puede llevar años esperando que le construyan o le mejoren un acueducto y ver cómo la obra se queda fuera del presupuesto año tras año. El pago de los intereses, en cambio, tiene fecha y se hace todo lo posible por cumplir. Si al vencerse un préstamo hay que tomar otro a una tasa más alta, el próximo gobierno tendrá que separar más dinero de lo que recaude, mientras la comunidad sigue esperando su acueducto.

Esta combinación de deuda e impuestos se ha convertido en una situación letal para el país.

En junio de este mismo año, el actual Gobierno presentó un paquete de medidas con el que se proponía recaudar entre RD$40,000 millones y RD$50,000 millones adicionales. Apenas unos meses después, al discutirse el presupuesto de 2027, volvemos a preguntarnos de dónde saldrá el dinero que todavía falta.

Lo extraño del caso es que los tecnócratas del Gobierno recurren siempre al mismo argumento para traspasarle a la población la responsabilidad por los malos resultados de la economía y por las deficiencias de la propia gestión gubernamental.

Las cifras con que se mide el desempeño de la economía hay que verlas en relación con la realidad de quien paga. ¿Qué significa una presión tributaria baja para el ciudadano que, además de pagar sus impuestos, tiene que resolver por su cuenta lo que unos servicios públicos prácticamente inexistentes deberían garantizarle? ¿De qué manera se le exige al pueblo dominicano que pague más mientras los gobiernos mantienen nóminas improductivas y destinan cada año grandes sumas a cubrir el déficit del sector eléctrico?

De nuevo llega al Congreso el proyecto de presupuesto nacional. Para 2027 se contempla un déficit de RD$327,282 millones. Aun si el Gobierno recauda todo lo previsto, le faltará esa suma para cubrir sus gastos, que ya incluyen los intereses de la deuda. Además, tendrá que atender los préstamos que vencen durante el año.

¿Y qué fórmula vendrán a presentarnos para sacar más dinero de los bolsillos de una población que entiende que ya no soporta más impuestos?

La República Dominicana está cruzando una línea de alto riesgo, marcada por lo que paga de intereses, el déficit que arrastra de un presupuesto a otro y la insistencia en cobrar más impuestos. De cada cien pesos que el Gobierno central espera recibir en 2027, poco más de veintitrés se destinarían solo a intereses. Después de pagarlos, el capital sigue pendiente.

Una información publicada por Listín Diario permite apreciar la dimensión del problema. Por cada RD$100 que la Dirección General de Impuestos Internos proyecta recaudar, los intereses equivaldrían a RD$31.50, educación a RD$35 y salud a RD$17.80. Entre los tres rubros suman los RD$84.30 a los que se refiere el periódico.

Llama la atención que el pago de intereses se acerque tanto a lo que se destinaría a educación.

Tenemos, además, la pesadilla eterna del sector eléctrico. Hasta julio de 2026, el Gobierno había transferido a las distribuidoras eléctricas alrededor de RD$68,673 millones. Quien paga su factura de electricidad, compra un inversor para cuando se va la luz y además contribuye con sus impuestos a sostener a las distribuidoras tiene derecho a preguntar: ¿ qué mejoría recibirá a cambio de otro sacrificio?.

Mientras esa pregunta siga sin una respuesta convincente, será difícil conseguir respaldo para una reforma tributaria, por bien sustentada que esté en los números.

Hasta ahora hemos contado con el apoyo de las remesas y del turismo, dos grandes pilares de la estabilidad del país. ¿Qué ocurriría si disminuyeran esas entradas de dólares en momentos en que al Gobierno le resultara más caro renovar los préstamos que vencen? ¿Volveríamos a discutir de dónde sacar más dinero precisamente cuando las familias tendrían menos para dar?.

El peligro está también en el cansancio de la población ante este ciclo de más deuda, más déficit y la pretensión de cobrar más impuestos.

Desde un escritorio, con los números en la mano, resulta fácil calcular cuánto se recaudaría con nuevos impuestos.

Resulta mejor que el Gobierno se ajuste asimismo que se tomen de verdad por vez y por toda medidas para mejorar el usos de los recursos. Pero no se justifica recaudar mas cuando ese mismo Gobierno deja sin resolver los problemas que le cuestan dinero y sufrimiento al ciudadano. Si los gobiernos siguen pasándole al pueblo la cuenta de sus decisiones, cualquier día pueden encontrarse con que sean los propios dominicanos quienes les digan «No más deuda, no más impuestos. ¡Basta ya!».

jpm-am

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