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Miedo recreativo: cómo el cerebro transforma el susto en placer

Especialistas en neurociencia explican los mecanismos químicos de la amígdala cerebral que convierten la aceleración cardíaca y la adrenalina en una sensación de euforia…

La Redacción··Comentar

La búsqueda voluntaria de sensaciones aterradoras a través de atracciones temáticas o piezas cinematográficas de suspenso responde a un proceso biológico calibrado que la psicología y las ciencias cognitivas identifican como miedo recreativo. Aquella aparente paradoja sobre por qué las personas pagan para experimentar sobresaltos corporales desconcertó al pensamiento clásico, tal como razonó el filósofo David Hume en 1777 al examinar «un placer inexplicable que los espectadores extraen del terror, la tristeza y la ansiedad», según consigna la Sociedad Británica de Psicología citada por Diario Libre.

En términos fisiológicos, la respuesta defensiva del organismo se desencadena en milésimas de segundo cuando los sentidos perciben un estímulo perturbador. La señal nerviosa viaja directamente hacia la amígdala cerebral, núcleo encargado de gobernar las emociones primarias y de activar el mecanismo de escape o enfrentamiento característico del sistema nervioso autónomo. Esta advertencia fue sintetizada por el narrador estadounidense H.P. Lovecraft al recordar que «la emoción más antigua e intensa de la humanidad es el miedo».

De forma simultánea a la orden cerebral, las glándulas suprarrenales bombean torrentes de noradrenalina y adrenalina, conocida también como epinefrina, en el torrente circulatorio. La frecuencia de los latidos ventriculares experimenta una aceleración notable que puede elevarse de 70 a 140 pulsaciones por cada minuto. Al mismo compás, las vías bronquiales incrementan su apertura para asegurar la oxigenación muscular, el hígado moviliza reservas energéticas de glucosa y los conductos capilares superficiales se contraen para concentrar la circulación en los órganos centrales, desatando la sensación de erizamiento cutáneo.

A diferencia de una contingencia real donde este consumo de energía causa angustia extrema, dentro de una butaca o un circuito mecánico el entendimiento constata de inmediato la inexistencia de peligro mortal. Esta comprobación de seguridad permite que la súbita sobrecarga hormonal se transforme rápidamente en risas compartidas y estados de intensa satisfacción.

Con información de Diario Libre.

Fuentes

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