Drenaje pluvial: la bomba de tiempo en Santo Domingo Oeste
En el Gran Santo Domingo, y de manera muy particular en nuestro municipio de Santo Domingo Oeste, treinta minutos de lluvia bastan para desnudar décadas de improvisación urbana. Avenidas convertidas en ríos caudalosos…
En el Gran Santo Domingo, y de manera muy particular en nuestro municipio de Santo Domingo Oeste, treinta minutos de lluvia bastan para desnudar décadas de improvisación urbana. Avenidas convertidas en ríos caudalosos, viviendas anegadas en sectores vulnerables, comercios afectados y el tránsito colapsado durante horas retratan la fragilidad de una demarcación que creció de espaldas a la planificación.
Lo más alarmante de esta vulnerabilidad crónica no es únicamente la infraestructura subterránea que nunca se construyó, sino la que ha sido inutilizada por la propia desidia oficial. Levantamientos técnicos recientes han revelado cómo en distintos puntos de Santo Domingo Oeste se han perdido imbornales y registros pluviales que quedaron sepultados bajo capas sucesivas de asfalto colocadas sin supervisión de ingeniería.
Esa imagen resume a la perfección el vicio histórico de nuestra gestión de obras públicas y municipal: el maquillaje superficial por encima de las soluciones estructurales. En la lógica del cálculo electoral inmediato, tirar una carpeta de asfalto caliente sobre una calle deteriorada genera fotografías y aplausos rápidos, aunque en el proceso se sellen las alcantarillas por donde debería drenar el agua de las lluvias.
Los especialistas en ingeniería sanitaria y urbanismo llevan años advirtiendo que el déficit de drenaje pluvial en la capital y su periferia constituye una deuda política acumulada. Como las tuberías subterráneas y los colectores de aguas lluvias quedan bajo tierra y no lucen en las vallas publicitarias, las administraciones suelen postergar su inversión para priorizar obras de relumbrón visual.
Aunque desde la Alcaldía de Santo Domingo Oeste y el Gobierno central se anuncian periódicamente jornadas de limpieza de filtrantes y operativos de saneamiento, la magnitud del problema supera con creces los paliativos de ocasión. Un municipio con la densidad poblacional e industrial de Herrera, Las Caobas, Manoguayabo y Villa Aura no puede depender de brigadas de emergencia cada vez que se acerca una onda tropical.
A la insuficiencia del alcantarillado se suma el desafío permanente en la recolección y manejo de los residuos sólidos urbanos. Cada cúmulo de basura improvisado en las esquinas que no se retira a tiempo es arrastrado por las primeras escorrentías hacia los pocos imbornales funcionales, obstruyendo el flujo del agua y multiplicando las inundaciones urbanas y los focos de insalubridad.
El crecimiento vertical y horizontal desordenado también ha reducido drásticamente las áreas verdes de absorción natural del suelo en nuestro municipio. Construir edificaciones y pavimentar solares sin exigir sistemas adecuados de drenaje ni respetar el cauce natural de las cañadas equivale a fabricar desastres anunciados para las familias que habitan en las zonas bajas.
El derecho a una ciudad segura, salubre y transitable forma parte integral de la dignidad humana y de la calidad de vida que el Estado debe garantizar a los contribuyentes. Los munícipes de Santo Domingo Oeste aportamos con nuestro trabajo diario al dinamismo económico de la provincia y merecemos servicios municipales que estén a la altura de ese esfuerzo.
Desactivar esta bomba de tiempo urbana exige un plan maestro de drenaje pluvial y saneamiento de cañadas ejecutado con rigor técnico entre el Gobierno central y el cabildo local. El verdadero progreso de Santo Domingo Oeste no se logrará ocultando los problemas bajo capas de asfalto, sino construyendo desde el subsuelo la infraestructura definitiva que proteja la vida y el patrimonio de nuestra gente.
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