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Opinión

El comportamiento humano y la salud mental

Por E. MARGARITA EVE La reciente Parada Cívica por la Salud Mental en la República Dominicana invita a reflexionar sobre la atención disponible, el comportamiento humano y los factores sociales que inciden en el…

Redacción AlMomento··Comentar

Por E. MARGARITA EVE

La reciente Parada Cívica por la Salud Mental en la República Dominicana invita a reflexionar sobre la atención disponible, el comportamiento humano y los factores sociales que inciden en el bienestar emocional. También plantea la necesidad de examinar con mayor profundidad las conductas que observamos en nuestro entorno y sus posibles causas.

Aunque no soy profesional de la salud, llevo más de 20 años estudiando la mente humana y los patrones de conducta en la República Dominicana y Estados Unidos. Estos conocimientos los aplico a la creación de personajes y la construcción de sus perfiles psicológicos para mis guiones.

En la República Dominicana, especialmente desde la pandemia, he observado comportamientos preocupantes que ameritan investigación. Me inquietan las posibles manifestaciones de psicosis, neurosis y sociopatía, así como sus posibles causas y la necesidad de determinar si existe una tendencia creciente vinculada a factores familiares, educativos y sociales.

Es importante precisar que la psicosis puede alterar el contacto con la realidad, mientras que la neurosis es un término tradicional utilizado para describir diversas manifestaciones de sufrimiento emocional. La sociopatía, por su parte, es una denominación informal relacionada con patrones persistentes de conducta antisocial. La identificación de estas condiciones requiere una evaluación profesional.

La familia y la educación desempeñan un papel fundamental en la formación del comportamiento. Los niños expuestos de manera constante a la violencia, la crueldad y la manipulación pueden interiorizar y reproducir esos patrones y romper su brújula moral, aunque esto no constituye un resultado inevitable. Fomentar la empatía, el respeto y la responsabilidad desde la infancia es esencial.

La inseguridad también repercute en el bienestar emocional de la población. El temor a sufrir violencia puede afectar el descanso, las relaciones interpersonales y la tranquilidad familiar. Por ello, las estrategias de prevención deben contemplar no sólo la protección ciudadana, sino también las consecuencias emocionales de vivir bajo una percepción constante de amenaza.

Ante esta realidad, la República Dominicana necesita fortalecer sus servicios de salud mental, ampliar el acceso a profesionales capacitados y ofrecer orientación a las familias. Buscar ayuda debe entenderse como una decisión responsable que permite identificar dificultades, recibir una evaluación adecuada y acceder oportunamente al acompañamiento necesario.

Una preocupación de alcance global

En mi opinión, merece investigarse si, después de la pandemia, algunas personas presentan dificultades para conectar ideas, procesar información, llegar a conclusiones coherentes y recordar datos. Estas manifestaciones no deben ignorarse ni atribuirse automáticamente a la COVID-19, sino estudiarse con rigor para determinar sus causas y su impacto en el razonamiento y la vida cotidiana.

Los países desarrollados llevan años preocupándose por la salud mental; sin embargo, considero que, en ocasiones, han recurrido excesivamente a los psicotrópicos. La República Dominicana debe aprender de esa experiencia y evitar repetir ese error, fortaleciendo la prevención y las alternativas terapéuticas adecuadas, sin descartar la medicación cuando esté clínicamente indicada.

En Estados Unidos, el 19,3 % de los adultos utilizó medicamentos para su salud mental en 2024, mientras que el consumo de antidepresivos aumentó más del 40 % en la OCDE entre 2013 y 2023. Estas cifras refuerzan, en mi opinión, la importancia de equilibrar la medicación necesaria con la prevención y otras alternativas terapéuticas adecuadas.

La República Dominicana necesita fortalecer los servicios de salud mental, ampliar la prevención en escuelas y comunidades y facilitar tratamientos oportunos. La Parada Cívica debe impulsar acciones concretas para orientar a las familias y garantizar que la salud mental sea una prioridad nacional.

 

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