El terreno de juego internacional está secuestrado
Un terreno de juego es un espacio designado o delimitado donde se llevan a cabo actividades lúdicas, deportivas, políticas o educativas. Puede ser un espacio físico, como un campo de fútbol o una cancha de baloncesto…
Un terreno de juego es un espacio designado o delimitado donde se llevan a cabo actividades lúdicas, deportivas, políticas o educativas. Puede ser un espacio físico, como un campo de fútbol o una cancha de baloncesto, o un local techado donde las personas interactúan y participan en diversas actividades. En esta metáfora, será para jugar a las relaciones diplomáticas, con la participación de varios países que todos los años se reúnen como una lógia de colegas.
Para el mes de septiembre de cada año, es celebrada la reunión de jefes de Estados en Washington, capital de los Estados Unidos de América. En esta ocasión fue la Asamblea No. 81, donde se esperaba la participación de 71 jefes de Estado, 45 jefes de Gobierno y 11 vicepresidentes y la intervención de 50 ministros en representación de sus países.
Washington como dueño del terreno de juego, el bate, guante y la pelota, siempre indica quienes pueden jugar y quien no. Uno al que se le prohibió jugar fue al equipo de Palestina, que le negaron la entrega del “Gafete” (pase) correspondiente para que pueda ingresar al terreno del juego, ya que se enfrentaría al equipo de Israel, con quien mantiene un disputa por el robo de base en violación a las reglas del juego. Israel es el equipo protegido por el dueño del terreno de juego.
Por la posición del dueño del terreno, muchos gerentes de equipos, han estado criticando la mala visión de la gerencia general propietaria del estadio. Denuncian la parálisis de la organización, señalando directamente la influencia del dueño del estadio, causante de la inactividad y de las violaciones a los estatutos de esa organización.
El manager del equipo brasileño durante la celebración del juego dentro del local de la Asamblea General de la ONU, Lula, gerente general y manager del equipo Brasileño, criticó la injerencia externa en los juegos políticos. Afirmó que el equipo de «Brasil, no cabe en el patio trasero de nadie». Además, expresó preocupación por la influencia del dueño del terreno en las selecciones de los equipos con derechos a participar y denunció la injerencia externa en los asuntos internos del equipo brasileño. Les siguieron: Recep Tayyip Erdogan (Turquía) y Pedro Sánchez (España), quienes criticaron el poder para decidir de los juegos bajo protestas.
Los discursos de Lula, Erdogan y Sánchez en la Asamblea No. 81 de la ONU reforzaron la crítica contra Washington y el sistema de veto. Lula denunció “tentaciones hegemónicas” y afirmó que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”; Erdogan advirtió que la ONU “no puede cumplir con su misión, o más bien, no se le permite hacerlo”; y Sánchez reclamó una reforma profunda del Consejo de Seguridad para acabar con la parálisis.

La negativa de la visa a Palestina y las críticas de estos líderes muestran que el terreno de juego internacional está secuestrado. La Carta de la ONU, que consagra la igualdad soberana y la cooperación pacífica, se convierte en un reglamento decorativo mientras el dueño del estadio se lleva el guante, el bate y la pelota. Si no se reforma el Consejo de Seguridad y se limita el veto, el campeonato mundial de la diplomacia quedará reducido a una farsa, donde el derecho internacional es sustituido por la arbitrariedad del propietario del campo.











