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Opinión

La diáspora como billetera, no como poder

La diáspora dominicana solo sirve para ser reconocida en discursos pendejos. Esa es la verdad cruda, sin maquillaje diplomático. La mencionan en cada campaña, la aplauden en cada acto en el exterior, le dicen que…

Jhonny Trinidad··Comentar

La diáspora dominicana solo sirve para ser reconocida en discursos pendejos. Esa es la verdad cruda, sin maquillaje diplomático. La mencionan en cada campaña, la aplauden en cada acto en el exterior, le dicen que es la «octava provincia», que es «patria grande», que es «orgullo nacional». Pero a la hora de la verdad, ni siquiera se le respeta para nombrar un simple viceministro del INDEX que salga del corazón de ella y con trayectoria probada de servicio a su comunidad.

No piden la Presidencia. No piden una embajada en Washington. Piden algo elemental: que el Instituto de Dominicanos en el Exterior sea dirigido por alguien de ellos. Por alguien que haya sudado la diáspora, que conozca el olor de un basement en El Bronx en invierno, la angustia de una cita en inmigración, el sacrificio de enviar 100 dólares dejando de comer.

Pero no. El INDEX se ha convertido en una pasarela de actores mediocres, en una agencia de colocaciones para amigos del poder, en una vitrina para egos.

El INDEX no es una agencia de entretenimiento ni una plataforma para promover figuras: debe ser un instrumento de poder, defensa y desarrollo de los dominicanos en el exterior. Lo demás es una falta de respeto.

El caso de Carlos de la Mota fue la bofetada más grande. Pusieron al frente del INDEX a un actor cuya gestión parecía más orientada a proyectar su figura artística que a servir a la diáspora, llegando al extremo de tomar una licencia para regresar a México a filmar una novela, de esas que, en vez de aportar, embrutecen.

Mientras millones de dominicanos se parten el lomo fuera del país y envían miles de millones para sostener nuestra economía, su representante se daba el lujo de dejar sus funciones para dedicarse a sus novelas. ¿Esa es la importancia que el Estado le concede a la diáspora? Y como premio a semejante burla, hoy De la Mota es embajador de República Dominicana en Países Bajos.

CELINES TORIBIO

Y ahora nos traen otra actriz. Parecería que, para quienes gobiernan, el INDEX es un teatro y la diáspora su público. Nos dicen que Celinés Toribio fundó una organización que impactó a más de 10,000 jóvenes. ¿Dónde están esos jóvenes, los programas, los grants, los financiadores y los resultados? Porque vivir en Nueva York y aparecer en los medios no convierte a nadie en líder comunitario. ¿Dónde estaba Celinés en las grandes luchas de la diáspora? ¿Cuál encabezó? La diáspora necesita representación, no otro espectáculo.

Pero parece que es más importante tener otra cara bonita, otra actriz sin mucho vuelo, para que desde un ministerio pagado con los recursos de los pendejos, con el sudor de los que sí trabajan, pueda viajar por el mundo, tomarse fotos en foros internacionales y darse a conocer, tal vez en busca de algún famoso que la descubra como actriz. El INDEX como trampolín personal, no como instrumento colectivo.

Es el mismo guion: usan a la diáspora como escenografía.

Y mientras tanto, ¿qué hace la diáspora? Lo que siempre ha hecho: enviar más dinero. Más de 11 mil millones de dólares al año. Sostener la estabilidad macroeconómica de un país que le da la espalda. Pero claro, no lo hace por motivación del Gobierno. No lo hace porque el INDEX la inspire. Lo hace por compasión hacia los suyos en República Dominicana. Por culpa, por amor, por compromiso familiar. Porque si no manda, su madre no come, su hijo no estudia, su hermano no se opera.

LA GRAN ESTAFA MORAL

Esa es la gran estafa moral: nos quieren para la remesa, pero no para la decisión. Nos quieren como billetera, pero no como cerebro. Nos quieren para el aplauso, pero no para el nombramiento.

En Nueva York, en Lawrence, en la Florida, en Paterson, en Madrid hay decenas de líderes comunitarios con 20 y 30 años de trabajo voluntario, con organizaciones serias, con capacidad de gestión, con doctorados, con experiencia probada. Gente que no necesita actuar, porque su vida ya es un acto de servicio. Pero esos no son blanquitos de novela. No son caras bonitas. No tienen un manager. Por eso no califican.

Hasta que el INDEX no sea dirigido por la diáspora real, seguirá siendo lo que es hoy: una oficina cara, inútil y ofensiva.

Esa es la gran estafa moral: nos quieren para la remesa, pero no para la decisión. Nos quieren como billetera, pero no como cerebro. Nos quieren para el aplauso, pero no para el nombramiento.

En Nueva York, en Lawrence, en Paterson, en Madrid hay decenas de líderes comunitarios con 20 y 30 años de trabajo voluntario, con organizaciones serias, con capacidad de gestión, con doctorados, con experiencia probada. Gente que no necesita actuar, porque su vida ya es un acto de servicio. Pero esos no son blanquitos de novela. No son caras bonitas. No tienen un manager. Por eso no califican.

Hasta que el INDEX no sea dirigido por la diáspora real, seguirá siendo lo que es hoy: una oficina cara, inútil y ofensiva.

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