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Salud

El ene­migo silen­cioso del adulto mayor: la falta de agua

Uno de cada cua­tro adul­tos mayo­res que viven en sus hoga­res pre­senta Des­hi­dra­ta­ción por Bajo Ingreso de Flui­dos (DBIF). Este es un fac­tor de riesgo mayor y, afor­tu­na­da­mente, modi­fi­ca­ble. La DBIF…

Roberto Fernández de Castro··Comentar

Uno de cada cua­tro adul­tos mayo­res que viven en sus hoga­res pre­senta Des­hi­dra­ta­ción por Bajo Ingreso de Flui­dos (DBIF). Este es un fac­tor de riesgo mayor y, afor­tu­na­da­mente, modi­fi­ca­ble. La DBIF pro­duce hipo­vo­le­mia (reduc­ción del volu­men san­guí­neo), con­vir­tién­dose en uno de los ries­gos crí­ti­cos más comu­nes para las caí­das y las frac­tu­ras de cadera.

Ade­más, es corres­pon­sa­ble de even­tos catas­tró­fi­cos como el sín­cope (pér­dida del cono­ci­miento), infarto agudo al mio­car­dio (IAM), isque­mia cere­bral tran­si­to­ria (TIA), acci­den­tes cere­bro­vas­cu­la­res (ACV), arrit­mias, insu­fi­cien­cia car­díaca y muerte.

Meca­nismo de la caída

La des­hi­dra­ta­ción reduce el volu­men plas­má­tico, lo que pro­voca una caída de la pre­sión arte­rial sis­tó­lica mayor a 20 mmhg al ponerse de pie (hipo­ten­sión ortos­tá­tica). Al no reci­bir el cere­bro sufi­ciente flujo san­guí­neo, se pro­du­cen mareos, con­fu­sión, reduc­ción de la alerta y de la coor­di­na­ción motriz, cul­mi­nando en sín­co­pes y caí­das que resul­tan en frac­tu­ras de cadera y pér­dida de la auto­no­mía.

Un estu­dio obser­va­cio­nal encon­tró que el 25 % de los pacien­tes ingre­sa­dos por caí­das pre­sen­ta­ban una DBIF no aten­dida.

Un nutriente esen­cial para la vida

El agua es el nutriente más impor­tante para garan­ti­zar un enve­je­ci­miento salu­da­ble. Los flui­dos cor­po­ra­les trans­por­tan nutrien­tes y dese­chos, siendo esen­cia­les para meta­bo­li­zar ener­gía. La des­hi­dra­ta­ción —defi­nida como una pér­dida rápida de más del 3 % del peso cor­po­ral aso­ciada al aumento de la con­cen­tra­ción de sodio— es poten­cial­mente mor­tal debido a su inte­rac­ción con otras enfer­me­da­des cró­ni­cas. Es, de hecho, la causa más fre­cuente de hos­pi­ta­li­za­ción en adul­tos de 65 a 75 años. Según la Agen­cia para la Inves­ti­ga­ción y la Cali­dad en Salud (AHRQ), se espera que las hos­pi­ta­li­za­cio­nes rela­cio­na­das aumen­ten drás­ti­ca­mente para el año 2030.

¿Por qué se des­hi­dra­tan los adul­tos mayo­res? Exis­ten múl­ti­ples razo­nes bio­ló­gi­cas y socia­les

Falla en la con­cen­tra­ción:

los riño­nes pier­den efi­ca­cia para con­ser­var líqui­dos.

Hipo­dip­sia: la pér­dida de la sen­sa­ción de sed hace que el cere­bro no envíe la señal de beber.

Barre­ras físi­cas: la reduc­ción de fuerza y movi­li­dad difi­culta el acceso a las bebi­das.

Miedo a la incon­ti­nen­cia: muchos res­trin­gen los líqui­dos volun­ta­ria­mente para evi­tar acci­dents uri­na­rios o nic­tu­ria (des­per­tar de noche).

La des­hi­dra­ta­ción es corres­pon­sa­ble de even­tos catas­tró­fi­cos.

Desa­fío del diag­nós­tico

Diag­nos­ti­car la DBIF es difí­cil por­que las mani­fes­ta­cio­nes clá­si­cas no son con­fia­bles: la boca seca, el signo del plie­gue o los ojos hun­di­dos pue­den estar ausen­tes incluso en des­hi­dra­ta­cio­nes gra­ves. Aun­que la medi­ción de la osmo­la­ri­dad sérica (>300 mosm/kg) es la prueba están­dar, resulta poco prác­tica en el día a día. Por ello, un resul­tado de Sodio mayor a 145 meq/l y una rela­ción Bun/crea­ti­nina mayor a 20 esta­ble­cen el diag­nós­tico en la mayo­ría de los casos clí­ni­cos.

Pun­tos clave

Nuevo esta­tus geriá­trico: la DBIF ha sido ele­vada al esta­tus de “Gigante geriá­trico”, al mismo nivel que la demen­cia o la depre­sión.

Fra­gi­li­dad ósea: la falta de agua debi­lita mecá­ni­ca­mente el hueso, haciendo que la pel­vis se quie­bre con mayor faci­li­dad.

Pro­nós­tico reser­vado: un paciente hos­pi­ta­li­zado por caída que pre­senta des­hi­dra­ta­ción tiene una mor­ta­li­dad seis veces mayor en los meses siguien­tes.

Acción proac­tiva: no se debe espe­rar a que el anciano pida agua. La hidra­ta­ción debe ser asis­tida y pres­crip­tiva.

Pro­to­colo pre­ven­tivo

Ingesta: ase­gu­rar entre 1.5 y 2 litros dia­rios.

Hora­rio: ofre­cer 200-215 cc (aprox. siete onzas) cada 90 a 120 minu­tos, de 7:00 a.m. a 6:00 p.m.

Con­cen­tra­ción diurna: evi­tar gran­des inges­tas noc­tur­nas para pre­ve­nir caí­das camino al baño.

Varie­dad: uti­li­zar agua, infu­sio­nes, gela­ti­nas o aguas sabo­ri­za­das natu­ral­mente para incen­ti­var el con­sumo.

Moni­to­reo visual: entre­nar a los cui­da­do­res para iden­ti­fi­car la orina oscura como una señal de alerta inme­diata.

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